…a ser, a vivir, a reinventarte, a seguir…

Confianza

La fuerza emocional se apoya en la Confianza

Un mensaje de optimismo se diluye si tenemos la confianza rota. Las palabras actúan como un mantra cuyo efecto tranquilizador nos dura poco. Aunque pretendamos crear una realidad diferente ésta permanece igual. Si está rota la confianza somos como aves de mal agüero que pondremos a prueba la realidad hasta conseguir que se confirme la imposibilidad de algo. Si la situación va a nuestro favor, o a la contra, es prácticamente lo mismo para nuestra convicción o concepción de la vida. Las condiciones ideales o las dificultades las percibimos de la misma manera y respondemos con agobio y angustia. Hay un temor latente que vaticina un resultado desalentador. A la larga, o la corta, el cambio no se produce y las situaciones se enrarecen, se enquistan o se dilatan.

Y si en algún momento tenemos la esperanza de recuperar la confianza acerca de algo, por ejemplo, ser merecedores de un buen trabajo, de amistades comprometidas, o de una relación de pareja plena, no sabemos por qué, y sin darnos cuenta de cómo, la saboteamos. Eso es lo que hace tener la confianza rota.
El ingrediente fundamental de la falta de confianza consiste en alejar las opciones diferentes, la posibilidad no sólo de un cambio, sino que anula el concebir de forma natural respuestas diferentes a las habituales. Aunque sus resultados sean desastrosos. Lo preocupante de la situación es que vamos comprobando una y otra vez que aquello que queremos se aleja aún más, lo que nos provoca agresividad, intranquilidad, tensión, y en algunos casos, actitudes violentas. Hemos perdido el norte. Nuestras metas y objetivos se diluyen dado que nos cuesta discernir sobre qué sería lo mejor, cómo darle la vuelta a la situación que vivimos y emocionalmente nos debilitamos hasta agotar o colapsar nuestro sistema nervioso.

¿Qué nos está pasando? ¿Cómo salir de este bucle???

¡Confianza en uno mismo!

Asomarnos a la confianza como una visión interior que crea una realidad diferente pasa necesariamente por diluir una especie de sortilegio, una confabulación previa que hace que nuestras respuestas sean rígidas, porque son repetidas una y otra vez. Y lo natural, deseos, ideas, proyectos, anhelos, sueños, fantasía, se han convertido en una realidad aparte, que para nada contempla al mundo, ni a las personas que viven en él. Se ha inoculado en nosotros el virus del Autoritarismo/sumisión. Es una distorsión con doble cara, una se muestra y otra se esconde. Y ambas hablan de que se ha sustituido la confianza por el deseo de control, el interés materialista y la posesividad.

Así que la ausencia de confianza es un inhibidor, que hace de nuestra percepción de la vida una especie de filtro, casi un muro de contención, considerando que ésta se focaliza en la separación de todas las cosas, y en especial, de las personas. En la incapacidad para interactuar de forma natural con el entorno, con nuestros amigos, con nuestra pareja. Sólo prima lo que queremos y nuestra necesidad porque nos sentimos carentes, huérfanos del arraigo que nos hace fluir con las cosas. Está ausente esa conexión que tiene el árbol con la tierra y el cielo; que tiene cada animal al saber responder a los ciclos de la naturaleza.

La confianza rota da lugar a una especie de mandato interior de sálvese quien pueda y aprópiate de lo que crees que careces. Sin más consideración que tú y aquello que te moviliza. Estará justificado lo que se haga en aras de cubrir esa necesidad que imperiosamente te empuja a un llenado, sin tener la certidumbre de que se saciará en algún momento. Aunque se esté frente a un gran banquete de manjares, el hambre no se saciará, porque la falta de confianza hará que el miedo genere más hambre, más insatisfacción, más deseo de control, más garantías, más posesividad.

Y eso es lo que ocurre en las relaciones de pareja donde la confianza personal está ausente. Se genera un pacto transitorio que pretende cubrir esa carencia a través de la dependencia, de la intensidad sexual o afectiva, de conveniencias sociales o laborales, de estrategias inconscientes de control, de búsqueda del propio interés, donde uno se muestra autoritario y otro sumiso, o viceversa, según cada circunstancia. Escondiendo dentro de cada uno lo contrario de lo que se muestra. La relación se basa en una irrealidad.

Es irreal porque cada uno ha concebido un deseo, una idea o una fantasía unido a una imposibilidad. Hay el convencimiento de que eso que se quiere no se dará, y a la vez, la determinación obsesiva de conseguirlo por la vía de la compensación, donde la persona se convierte en un instrumento a tu servicio, ajeno a ese deseo. Y lo más curioso, es que probablemente el otro esté haciendo lo mismo.

Os invito a una reflexión donde revisemos en qué aspecto de nuestra vida la confianza está rota, y sin darnos cuenta, somos autoritarios o sumisos persiguiendo una imposibilidad. Convencidos de ello.”

 

Fuente:
La fuerza emocional se apoya en la confianza de Graciela Large

 

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