…a ser, a vivir, a reinventarte, a seguir…

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7 Razones por las que Nos Gusta Criticar a Otros

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Observación de la semana: Autoconfianza

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“Tal vez mostremos un buen frente, pero sabemos que todavía quedan escondidos esos pequeños miedos nimios de que quizá no seamos lo suficientemente buenas.”
~Anne Wilson Schaef

Durante las 2 últimas semanas he tenido que atender en el trabajo a al menos 3 “barbies malos tratos” algunas con pasaportes rotos, otras con hematomas y collarines; y algunas sin evidencias visibles de agresiones físicas, pero todas con una historia de por medio que en la mayoría de casos intenta ocultar de manera fracasada la realidad de lo que les ha ocurrido.

Lo curioso es que luego no llevan las cosas hasta sus últimas consecuencias; quizás porque realmente no se sienten bien con ellas mismas. Tienen la oportunidad de reivindicarse y hacer algo por ellas; aunque sólo sea darse valor y respetar su dignidad propia pero vuelven siempre a manos de sus agresores e incluso hasta los defienden. ¿De verdad tenemos tanta necesidad de las figuras masculinas en nuestras vidas?

Vemos estas mujeres a diario y pensamos en lo triste que es que no sepan valorarse o confiar en su instinto; no entendemos cómo pueden hacer algo así pero no nos damos cuenta de que estas mujeres son un reflejo de nosotras mismas.

No necesitamos que una pareja nos agreda físicamente para entender que en el fondo las “barbies malos tratos” y nosotras no somos tan distintas.

¿Cuántas veces hemos dejado de aspirar a algo mejor o de intentar cosas con las que soñamos por contarnos a nosotras mismas la historia de que no somos lo suficientemente buenas?

¿Cuántas veces nos decimos a nosotras mismas que merecemos algo mejor pero seguimos enganchadas a los malos hábitos de siempre?

¿Por qué le tenemos tanto miedo a la soledad?

¿Por qué somos tan dependientes?

La manera en que nos vemos a nosotras mismas tiene una gran influencia en la manera en que nos comportamos; por eso es importante trabajar en la auto-confianza y en la auto-aceptación; aprender a querernos primero a nosotras mismas antes de que otros puedan hacerlo y recordar que nuestro corazón debe ser nuestra guía; es la mente la que nos hace desviarnos del camino y por tanto a veces hay cosas sobre las que es mejor no pensar.

“Nunca cambiarás tu vida hasta que cambies algo que haces cada día”
~Mike Murdoch

¿Cuál es la ventaja de cometer errores?

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Ya decía Baltasar Gracián que “no hay error sin autor, ni necedad sin padrino,” pero lo bueno que tienen los desaciertos acreditados o los errores plausibles que cometemos es que traen sus consecuencias y ellas tienen el gran poder de hacernos cambiar.

Los seres humanos tenemos la tendencia a ser perros de costumbre y esto ya lo demostraban los experimentos sobre el condicionamiento aprendido que el psicólogo ruso Ivan Pavlov condujo por allá por los principios del siglo XX; y sólo para que conste, dichos experimentos no sólo fueron llevados a cabo con perros sino también con niños.

Tenemos la tendencia, como personas, a automatizar los aprendizajes y por eso cuando algo funciona, lo continuamos haciendo. Sólo basta con observar la conducta de los bebés que desde temprana edad descubren cómo expresarse para conseguir lo que quieren. Pero moverse a base de reflejos es en parte lo que nos hace tan renuentes al cambio. Una vez que hemos fijado un aprendizaje, nos cuesta cambiarlo y en ocasiones ni siquiera somos capaces de preguntarnos si lo que estamos haciendo responde a una conducta aprendida, a la costumbre o si tal vez no tiene sentido.

Cometer errores tiene el gran potencial de permitirnos descubrir quiénes somos, a qué tememos y a reiterarnos en nuestra condición de humanos. Los errores suelen dejarnos una oportunidad para el aprendizaje, quizás para volver a intentarlo pero de otra manera, tal vez para aprender a perdonar, posiblemente para aprender a vivir sin arrepentimientos pero sobre todo para crecer y progresar.

No siempre podremos sentirnos seguros de lo que hacemos pero cometer errores es una forma de identificar dónde difieren nuestros pensamientos de nuestros actos. En algún momento a todos nos ha pasado creer que nos vamos a sentir de una manera al hacer algo y tras hacerlo nos damos cuenta de que no nos sentimos así o de que el resultado no fue el que esperábamos, pero no pasa nada.

Puede ser muy duro aceptar que nos hemos equivocado pero lo más bonito es saber reconocerlo y no olvidar que fallar es una parte esencial de nuestra experiencia de vida. No sólo aprendemos algo nuevo cada día sino que aprendemos algo nuevo con cada error. Hay que seguir andando y para eso siempre hay que volverse a levantar.

 

“He fallado más de 9.000 tiros en mi carrera. He perdido casi 300 partidos. 26 veces han confiado en mí para tomar el tiro que ganaba el partido y lo he fallado. He fracasado una y otra vez en mi vida y es por eso que tengo éxito”
~Michael Jordan
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“Cómo Instalarse un Ego de Bajo Consumo” Fidel Delgado

via “Cómo Instalarse un Ego de Bajo Consumo” Fidel Delgado.

¿Qué significa perdonar?

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En Marzo del año 2006 quien era mi pareja en aquel momento me había regalado entradas para ir al NASDAQ-100 Open (desde entonces ha cambiado de nombre) que es un torneo de tenis que se celebra de manera anual en Miami, Florida (EEUU).

Por aquella época yo nunca había asistido a un evento así, me hacía muchísima ilusión y la oportunidad estaba allí. Sólo había un pequeño problema…

3 días después de que se celebrase el torneo tenía previsto mudarme de país y para entonces llevaba meses preparando mi mudanza. Aquel viaje suponía un gran cambio en mi vida; especialmente el de mantener la relación con mi pareja a larga distancia. Por este motivo, por aquellos días yo no podía pensar en otra cosa que no fuese aprovechar cada segundo estando con él, pero el viaje también requería de mucha preparación y compatibilizar ambas cosas no fue tarea sencilla.

Desde que supe que podría asistir al torneo me esmeré en acelerar mi proceso de mudanza. Finalmente tenía todo listo y pude irme al torneo, claro que yo no contaba con que mis padres, dueños de un negocio, iban con retraso en el cierre del local y en el propio embalaje de todas las cosas en casa. Así que el segundo día de mi escapada a media tarde cuando apenas llegaba a Miami recibí una llamada de mi madre instándome a presentarme de inmediato en el negocio para ayudar con lo que estaba pendiente.

Inicialmente me negué, pero entonces me sentí culpable, así que decidí volver a casa. Perdimos las entradas, el dinero, el aparcamiento, la gasolina, los asientos y una hora después me encontraba escuchando los comentarios de mi madre sobre cómo se me ocurría encapricharme con semejantes insignificancias inoportunas en un momento tan crucial como aquel.

Este episodio fue el único que vino a mi mente durante mi 6ta sesión de terapia en la que me correspondía hacer un trabajo de perdón a mi madre. Hoy en día aquel episodio me parece de lo más intrascendente; pero durante años no fue así. Durante mucho tiempo me pregunté si alguna vez mi madre llegó a comprender lo que aquello supuso para mí, lo que me lleva a compartir entre estas líneas algo de lo que he aprendido sobre el perdón.

La primera cosa que mi terapeuta me explicó cuando nos dispusimos a hacer este trabajo de perdón, fue en sí mismo lo que significaba perdonar. En primer lugar me dijo que perdonar no se trata de mirar a nadie desde arriba como si nosotros fuésemos elefantes y ellos hormigas y creyéndonos que tenemos el poder de absolverlos por algo que han hecho.

En lugar de eso, el perdón se trata de ser nosotros quienes cambiamos nuestra propia visión sobre esos acontecimientos que ocurrieron en un momento determinado; como si nos pusiésemos unas gafas que nos permitiesen percibir esa situación de otra manera (o en otro color). En otras palabras, perdonar es aprender a ver las cosas que nos han hecho daño o los resentimientos que tenemos con otros ojos; teniendo en cuenta que perdonar no es olvidar; no es actuar como si aquello nunca ocurrió; es simplemente sentirnos en paz con esas situaciones y no continuar permitiendo que nos generen emociones negativas cada vez que revivimos en nuestra mente aquellos episodios.

Comúnmente se entiende que perdonar es algo que hacemos por otros como si les diésemos un indulto y les liberásemos de una condena; pero en realidad es un trabajo que hacemos por nosotros. En el fondo, nos perdonamos a nosotros mismos y todas esas cosas de nosotros mismos que vemos reflejadas en los demás; pues a fin de cuentas tan sólo somos espejos.

Después de la explicación de mi Renacedora, entendí que realmente las situaciones o las personas que yo perdonaba no cambian. Esas cosas habían sucedido, esas personas seguían siendo responsables de sus propios actos; lo único que cambia a través del perdón es mi forma de ver las cosas.

Aprender esto fue algo que me trajo muchísimo confort y que hoy en día me sigue trayendo una paz infinita porque me libera de la necesidad de que otro venga a pedirme disculpas o de que otro se sienta culpable por lo que ha hecho. También me libera de seguir arrastrando cargas negativas del pasado para así poder vivir mejor el presente.

“Visión es el arte de ver las cosas invisibles”
~Jonathan Swift

¿Por qué elegimos seguir sufriendo?

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Llegué a mi 5ta sesión de mi primer ciclo de terapia muy revuelta. En vista de las circunstancias mi Renacedora decidió posponer la actividad que tenía preparada para ese día y en su lugar hicimos un trabajo de perdón a mí misma.

Entonces me perdoné por sentirme triste, por sentirme abandonada, por no ser capaz de volver a mi casa, por haberla abandonado en primer lugar, por sentirme perdida, por no saber qué hacer ni cómo volver a encontrarle el sentido a mis días… Me perdoné por todas las cosas por las que yo misma me acusaba y por aquellas que me hacían sentir inmensamente culpable en ese instante.

Tanto en la 5ta como en todas las sesiones anteriores me había cansado de repetirle a mi terapeuta que yo no quería sentirme así pero que no sabía cómo salir del agujero en el que me encontraba.

Quizás de forma inconsciente esperaba que ella me dijese cómo hacerlo, pero lo mejor de esta terapia es que el Renacedor nunca te dice lo que debes hacer; sólo te plantea las preguntas y luego te acompaña mientras tú descubres las respuestas.

Aquel  día me tocó contestar a la pregunta:

¿Qué gano con estar triste o echar de menos a mi ex?

Me precipité a contestar que no ganaba mucho o más bien nada; en lugar de ello yo sólo creía que seguir guardando la esperanza de que volviese significaba que todo el malestar por el que estaba pasando sólo era temporal.

Ese pensamiento; el creer que iba a volver, hacía que todo fuese menos doloroso y más llevadero. Hasta ese momento eso fue lo único que pude contestar a la pregunta.

Mi terapeuta me animó a pensar qué más podría ganar yo con mi actitud de abandono y dolor. Estuve unos instantes en silencio haciendo un verdadero esfuerzo por comprender a dónde quería llevarme con esa pregunta. Finalmente entendí que mi pataleta no era más que una forma de reclamar amor. Estar mal y ser la víctima de aquel abandono suponía que otros se preocupasen por mí, me mimasen y me atendiesen. Estar fatal era mi manera de obtener esa atención; y a cambio de ese beneficio yo seguía enganchada al sufrimiento.

Muchas veces pensamos que otras personas son responsables por los traumas y sufrimientos que experimentamos en el presente, pero en realidad esto es algo que nos procuramos nosotros mismos. Elegimos sufrir porque a cambio obtenemos algún beneficio,

  • ya sea algo que creemos carecer y que de otro modo no podríamos obtener
  • o algo que nos de una excusa o justifique el ser como somos (especialmente esos aspectos de nosotros mismos que no son precisamente los más positivos). Es más fácil decir que tenemos un motivo para ser así o para sentirnos así, que el hacer un esfuerzo por mejorar nuestra condición.

Lo cierto de la historia, nos guste o no;  es que la única forma de deshacernos de las cosas que nos causan dolor es simplemente soltarlas.

Los dolores hay que vivirlos y no estoy sugiriendo que debamos suprimir las emociones negativas. Sólo digo que hay que aprender a dejarlas partir y elegir sentirnos bien en lugar de sufrir.

No hay sufrimiento real ni motivos verdaderos para quedarnos enganchados a emociones que nos martirizan. Además hacerlo no cambia la situación que sea que nos haya hecho llegar a sentir tal estado de dolor y sufrimiento; sólo alimenta el malestar y nos mantiene en el círculo vicioso.

Entonces, ¿para qué elegir seguir sufriendo?

“Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera.”
~François de La Rochefoucauld

La vida es fluir

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“I will not stress myself out about things I can’t Control or Change.”

Control y Cambio son dos términos alrededor de los cuales gira nuestra vida a pesar de que muchas veces no somos conscientes de ello. La mayoría de las personas queremos sentirnos dueños de lo que hacemos, queremos coger el toro por los cuernos y sentir que de una manera u otra dirigimos nuestra vida hacia donde queremos. Sentir que no controlamos nuestra vida nos genera una incertidumbre tremenda. Sentir que no somos capaces de cambiar algo nos genera frustración e impotencia.

Cuando mi yaya aún vivía, recuerdo que una vez me invitó a tomar café y conversaba conmigo mientras me decía que no me sintiera mal tras mi última ruptura porque (según ella) el destino estaba escrito y las cosas me irían bien. Mi madre sin embargo siempre me ha dicho que el destino no existe y que nosotros forjamos nuestro propio camino; por lo que estas dos visiones tan distintas de la vida en un momento determinado me suscitaron un conflicto interno ante el cual acabé por concluir que una parte de la vida depende de nosotros y otra simplemente no. Aunque eso nos de mucho miedo.

Creo que todos estamos aquí para vivir un gran aprendizaje que aún no sabemos cuál es exactamente pero que en su conjunto, todas esas experiencias nos llevarán a algún camino que para mí, finalmente, consiste en descubrir mi propósito en la vida. Un propósito que ya está en mí, con experiencias que ya había elegido vivir incluso antes de nacer aunque ahora no sea consciente de ello; pero de eso se trata: de volverme cada vez más consciente.

Es cierto que tenemos siempre opciones y que podemos elegir qué hacer. Sin embargo también es cierto que hay muchas cosas que no dependen de nosotros, pero nos cuesta abandonarnos al destino, nos cuesta fluir con la vida y permitir que las cosas sean como son porque no queremos sentir el miedo aterrador que implica el no tener el control sobre algo… Especialmente si ese algo es nuestra vida. Pero, ¿qué sentido tiene poner resistencias?

Durante años, cada vez que me pasaba algo que no me gustaba o que yo consideraba una “desgracia”, no podía hacer otra cosa que preguntarme “por qué a mí?” Sin embargo después de completar mi primer ciclo de Rebirthing, esto es algo que ya ni siquiera se me ocurre plantearme. Sólo procuro aceptar lo que me sucede, intento ver cuál es el propósito de esa experiencia (en vez de buscar el motivo que lo generó porque aunque nos fastidie, averiguar las causas no va a cambiar los hechos) y sobretodo procuro mantenerme en el momento presente viendo cada una de esas experiencias como ocasiones para crecer (mi Renacedora llama a estas situaciones que nos mueven o nos revolucionan el mundo oops!” –> “otra oportunidad para sanar”).

Hay cosas que vivimos que no podemos ni controlar ni cambiar; esto es así para todos pero hay personas que no pueden vivir con eso. Una vez que te preguntas ¿qué es lo peor que puede pasar? ante una determinada circunstancia y te das cuenta de que verdaderamente puedes vivir con cualquiera que sea la respuesta; entonces todo el temor y el drama que tu mente ha generado alrededor de “eso” (sea lo que sea) se desvanece.

En mi último post escribí sobre la diferencia entre ser felices y experimentar la paz interna, y hoy nuevamente quiero decir que aunque algunas situaciones se escapen de nuestras manos; podemos siempre aceptar las circunstancias independientemente de que las mismas nos gusten o no. Hay una gran diferencia entre aceptar, resignarse y estar en paz y es importante no confundir una cosa con la otra porque podemos aceptar una situación sin que esto signifique que nos resignemos y podemos sentirnos en paz con una situación sin que esto implique que nos guste la situación; es sólo cuestión de cambiar un poco la perspectiva y dejarnos fluir con el ritmo de la vida porque sí; todo pasa para nosotros y no tiene sentido comernos la cabeza por cosas que no podemos cambiar o controlar.

Atrévete a Soñar

Avance

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Transformar los bloqueos en un salto hacia adelante es la auténtica función de un maestro. El psicoterapeuta simplemente te pone parches; ésa es toda su tarea: no está ahí para transformarte. Necesitas una metapsicología: la psicología de los budas. La aventura más grande en la vida consiste en atravesar un bloqueo conscientemente. Es el mayor de los riegos porque no hay ninguna garantía de que ese bloqueo se convierta en un avance. Se convierte, pero estas cosas no se pueden garantizar. Tu caos viene de antiguo: durante muchas, muchas vidas has estado en él. Es espeso y denso. Es casi un universo en sí mismo, así que cuando entras en él con tu pequeña capacidad, por supuesto que hay peligro. Sin embargo, sin afrontar este peligro nadie ha podido volverse una persona más integrada, nade se ha convertido jamás en un individuo, en alguien indivisible.

El zen o la meditación es el método que te ayudará a atravesar el caos, a atravesar la noche oscura del alma, permaneciendo equilibrado, disciplinado, alerta.

El amanecer no está lejos, pero antes de que puedas alcanzarlo tienes que atravesar la negra anoche; y ésta se hará aún más oscura a medida que aquél se acerque.

~Osho, Walking in Zen, Sitting in Zen Chapter 1

 

Un brillante resplandor emana del plexo solar, o centro de poder, de la figura, cuya postura es de euforia y determinación. Todos nosotros llegamos de vez en cuando a un punto en el que sentimos: “¡Basta ya!”. En estos momentos parece que tendríamos que hacer algo, cualquier cosa, incluso aunque más tarde resulte ser un error, para zafarnos de las cargas y restricciones que nos limitan; si no lo hacemos, éstas pueden llegar a asfixiarnos y a bloquear nuestra propia energía vital. Si ahora mismo estás sintiendo ese “¡basta ya!”, permítete tomar el riesgo de romper los viejos moldes y limitaciones que han estado impidiendo que fluya la energía. Haciéndolo así, te quedarás sorprendido de la vitalidad y poder que este “paso adelante” puede traer a tu vida.

Al filo de la madrugada

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    Al filo de la madrugada
    prendió la luz de la mañana
    y escribió en papel una y otra vez
    “me despido, me marcho pa’ no volver”.
Salió a vivir con tantas ganas
que echó a correr pidiendo nada
Y empezó a creer, que por una vez
el dolor que sentía le haría bien.
Lo que duele no es irse, duele despedirse,
lo que duele no es el invierno gris,
lo que mata y remata es la cicatriz.
Lo que hoy duele mañana puede que sea nada,
porque un mundo despierta, cuando el otro se apaga.
El corazón no se equivoca,
se guarda todo lo que toca,
late por amor, late por dolor,
se confunde, se entrega, se parte en dos.
Sabe perdonar, pero no sabrá olvidarse,
porque el corazón solo sabe hacer las paces,
y empezó a creer que por una vez
el dolor que sentía se iría.
Lo que duele no es irse, duele despedirse,
lo que duele no es el inviernos gris,
lo que mata y remata es la cicatriz.
Lo que hoy duele mañana puede que sea nada,
porque un mundo despierta, cuando el otro se apaga.
    Lo que hoy duele mañana puede que sea nada,
porque un mundo despierta, cuando el otro se apaga…   
~Rosana Arbelo Gopar

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