…a ser, a vivir, a reinventarte, a seguir…

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Sobre la culpabilidad

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Hay quienes dicen que las mujeres estamos siempre en primera fila para defender una buena causa no siendo así sin embargo cuando se trata de defender la propia. Es importante aprender a reconocer y defender nuestras causas sin sentirnos paralizados cuando nos tildan de egoístas, puesto que no podemos volcar nuestra energía en el entorno sin primero asegurarnos de que nuestras propias necesidades están cubiertas.

Cuanto mejor nos encontremos más seremos capaces de proyectar y dar a lo que nos rodea; y después de todo mirar por uno mismo es algo que más nadie va a hacer por nosotros.

Algunas veces nos sentimos tan culpables que no nos damos cuenta de cuántas cosas hacemos motivados por la culpa y sin ser capaces de ponernos de nuestro propio lado. Pero liberarnos de la culpa es uno de los mejores regalos que nos podemos hacer a nosotros mismos si entendemos que cada decisión se ha tomado según nuestras mejores capacidades dentro de las circunstancias y si reconocemos que aunque siempre hay otras opciones nunca tenemos la certeza de cómo hubiesen sido las cosas al elegir un camino distinto.

Culparnos no cambia la situación y sólo incrementa nuestro malestar, por lo que es preferible aceptar las cosas como son y recordar que el sentido de culpa no es más que un pensamiento negativo en nuestra mente al que es preferible no alimentar ni entretener.

La culpa no está en el sentimiento, sino en el consentimiento.
∼San Bernardo de Claraval
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Motívate con este Niño

¿Existe la tolerancia infinita?

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“Para ser tolerante uno a veces tiene que soportar situaciones difíciles, mas nunca debe tolerarse el abuso.”
~Bob Mandel

Ciñéndome al concepto más básico de lo que es la tolerancia, podría decirse que su definición habla sobre respetar las ideas o creencias de otras personas incluso cuando éstas difieren de las propias. De esta concepción sacamos por tanto algunos puntos claves para que la tolerancia pueda existir como lo son la aceptación y el respeto.

Hablando sobre la aceptación, se podría decir que se trata de no poner resistencia sino permitir que las cosas simplemente sean como son. Esto a su vez es un aspecto esencial del perdón porque si nos permitimos aceptar cada momento tal y como es, sin juzgarlo; evitaremos crear una acumulación de resentimiento.

Hablando sobre el respeto, se podría decir que honrar los pensamientos y opiniones de los demás sin importar qué tan opuestos sean a los nuestros es la única manera de crear un espacio libre de juicios y mantener relaciones saludables. Todos tenemos derecho a que se nos escuche y se nos respete por lo que pensamos, sentimos o expresamos.

A pesar de esto no hay que caer en la trampa de confundir la tolerancia con la sumisión e ignorar claras situaciones de abuso ya sea físico, verbal, mental o espiritual. Permanecer en una situación de violencia o justificar algo que sin duda alguna nos perjudica, sería equivalente a violar nuestros propios derechos humanos.

Ya dice Bob Mandel que “ser tolerante ante los errores de los otros es un importante acto de amor y compasión”; sin embargo en un entorno en el que no se han creado espacios para que cada persona refleje sus propias ideas y formas de ver las cosas independientemente de que éstas no reciban la aprobación de los demás, será imposible alcanzar la verdadera tolerancia.

Hay conductas que son intolerables independientemente de las circunstancias o de la persona que las manifieste y creo que ahí radica otro punto clave al entender de lo que se trata la tolerancia y el reto que la misma nos presenta: “ser tolerante con el hombre más no con su injusticia.”

Podemos ser tolerantes con una persona y esto no significa que debamos soportar sus conductas intolerables. Incluso si nos centramos en el momento presente y aceptamos que cada cosa suceda como sea que tenga que suceder; tampoco es necesario exponernos a los abusos o dejar que llegue la sangre al río para saber que tenemos un motivo justificado para retirarnos de esas situaciones antes que permitirnos ser víctimas de las mismas o ponernos a la altura del victimario cayendo en las mismas conductas abusivas que condenamos. Debemos aprender a poner un límite y esto es de suma importancia porque nadie más lo hará por nosotros.

En otras palabras;  “no evitas meter la mano en el fuego porque le tengas miedo, sino porque sabes que te quemarías. No necesitas tener miedo para evitar peligros innecesarios; basta un mínimo de inteligencia y sentido común.”

Otro punto importante a tener en cuenta con todo esto del camino hacia la tolerancia infinita, es hacer la distinción entre ser felices y experimentar la paz interna. Como lo expone Eckhart Tolle en su más famoso libro, hay hechos que todos experimentamos en nuestra vida diaria que es imposible que nos hagan felices como lo es por ejemplo la pérdida de un ser querido; sin embargo no es menos cierto que ante una situación como ésta podemos experimentar la paz interior.

Esto significa que podemos amar y perdonar y tolerar a una persona sin que esto implique que tengamos que soportar sus abusos. También podemos amar y perdonar y tolerar a una persona sin que esto signifique que tengamos que mantener una relación con ella. Y no mantener una relación con ella puede que sea algo que no nos haga felices; pero sigue siendo algo válido siempre que podamos experimentar la paz interna y nuestro propio bienestar.

Independientemente de las circunstancias, todas las cosas que vivimos nos enseñan grandes lecciones de las que podemos aprender a crecer y a ser seres más reales y capaces de conectar con la sabiduría interna que nos dejan incluso las situaciones más dolorosas que vivimos.

“Pero si miras de cerca, verás que tu manera de comportarte y tu forma de pensar están diseñadas para perpetuar el dolor, tanto para ti mismo como para los demás. Si realmente fueras consciente de él, este patrón se disolvería, porque desear más dolor es una locura y nadie está conscientemente loco.
~Eckhart Tolle

Aprendí y decidí

Y así después de esperar tanto, un día como cualquier otro decidí triunfar…
decidí no esperar a las oportunidades sino yo mismo buscarlas,
decidí ver cada problema como la oportunidad de encontrar una solución,
decidí ver cada desierto como la oportunidad de encontrar un oasis,
decidí ver cada noche como un misterio a resolver,
decidí ver cada día como una nueva oportunidad de ser feliz.

Aquel día descubrí que mi único rival no eran más que mis propias debilidades, y que en éstas, está la única y mejor forma de superarnos, aquel día dejé de temer a perder y empecé a temer a no ganar, descubrí que no era yo el mejor y que quizás nunca lo fui, me dejó de importar quién ganara o perdiera, ahora me importa simplemente saberme mejor que ayer.

Aprendí que lo difícil no es llegar a la cima, sino jamás dejar de subir.
Aprendí que el mejor triunfo que puedo tener, es tener el derecho de llamar a alguien “Amigo”.
Descubrí que el amor es más que un simple estado de enamoramiento, “el amor es una filosofía de vida”.
Aquel día dejé de ser un reflejo de mis escasos triunfos pasados y empecé a ser mi propia tenue luz de este presente; aprendí que de nada sirve ser luz si no vas a iluminar el camino de los demás.
Aquel día decidí cambiar tantas cosas… aquel día aprendí que los sueños son solamente para hacerse realidad, desde aquel día ya no duermo para descansar… ahora simplemente duermo para soñar.

~Walt Disney

If you can dream it, you can do it!

Los árboles no caminan

Y para seguir en la onda de la llegada de la primavera, publico esta reflexión que habla de que no somos árboles y de que podemos cambiar si no nos sentimos cómodos con el lugar en el que nos encontramos.

Es curioso porque en la más reciente sesión de renacimiento a la que asistí el día de ayer, mi renacedora me pidió hacer un ejercicio en el que yo debía imaginarme que era un árbol con raíces fuertes y profundas y desde aquel lugar recibía los rayos del sol que me calentaban, la lluvia que me refresacaba y el viento que me mecía… Podía imaginarme el árbol que quisiera y yo me vi como un árbol grande y muy frondoso; comencé mi viaje de respiración y aunque la visualización inicial era sólo para conectar con mi interior, me quedé con la imagen de mí misma convertida en árbol y al acabar la práctica mientras comentaba con mi renacedora cómo había sido aquel viaje, le dije que al principio me sentí extraña siendo un árbol porque sentía que no me podía mover y que veía como todos a mi alrededor avanzaban menos yo.

A medida que progresé con el ejercicio entonces comencé a ver los aspectos positivos de ser un árbol. Me di cuenta de que desde donde estaba me crecían ramas y hojas nuevas; en un determinado momento recibí un abrazo de amor profundo de alguien especial a modo de despedida y por un momento sentí como si le dijese que aunque se fuese; yo siempre estaría allí. Hacia el final de la práctica me sentí bien, fuerte, en paz, segura; todo estaba bien y todo era como debía de ser.

A veces no es tanto el lugar en el que estamos como el cómo nos sentimos interiormente, pero aunque parece obvio muchas veces no lo tenemos presente y pensamos que cambiando nuestro mundo exterior nos sentiremos mejor cuando en realidad toda la solución a nuestros problemas está dentro. A veces no nos gusta el punto en el que nuestras vidas se encuentran pero no nos damos cuenta de que muchas veces no se trata del espacio físico. Podemos cambiar de gente, de trabajo, de casa, de país; pero mientras no estemos bien en el interior, seguiremos experimentando esa sensación de insatisfacción constante; de que nuestra vida no es como deseamos, de que no somos lo que queremos. A veces un cambio externo puede ayudar e impulsarnos, pero eso no es suficiente.

Es cierto que no somos estáticos y que podemos cambiar si algo no nos gusta, pero no tiene nada de malo ser un árbol. El árbol se mantiene quieto en el mismo espacio geográfico pero esto no quiere decir que no evolucione o que sea siempre el mismo. Con cada estación el árbol cambia, con cada año que pasa o con cada tormenta, con cada amanecer o con cada ventarrón, el árbol sigue anclado a la tierra pero no es el mismo. Ninguno lo somos.

Al final del ejercicio comprendí que los árboles no están hechos para caminar. Ellos no se preocupan por eso, ¿por qué yo sí? Estoy en el proceso de aprender a aceptar mi humanidad; por eso hoy afirmo que me acepto a mí misma, tal y como soy; aquí y ahora.

Una vez aceptemos nuestras limitaciones, iremos mas allá de ellas.
~Albert Einstein

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