…a ser, a vivir, a reinventarte, a seguir…

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La nueva tienda

Oculto en la semilla… encontramos el árbol entero.

UNA NOCHE, UNA MUJER soñó con una tienda nueva que se había inaugurado recientemente en su calle. En el momento de entrar en ella, reconoció a Dios detrás del mostrador.

«¿Qué vendes en tu tienda?», le preguntó.

«Todo lo que te apetezca», contestó Dios.

La mujer casi no pudo creerse la suerte que tenía, pero decidió aprovechar la oportunidad y pedir sólo de lo mejor.

Caviló durante un buen rato y después realizó su pedido.

«Quiero amor y felicidad para toda la vida, y paz para mi alma», dijo. «También me gustaría tener sabiduría y valor para no tener mie­do nunca jamás». De nuevo, estuvo un rato pensando para no olvidar­se de nada .. «Ah, sí», continuó, «no solamente quiero lo que te he pe­dido para mí, sino también para todos los hombres de la Tierra».

Dios sonrió y dijo:

«Querida, yo creo que me has entendido mal. Aquí no tenemos frutas. Aquí sólo hay semillas».

“AQUÍ SOLO HAY SEMILLAS. El resto lo tienes que hacer tú mismo. Tú eres el responsable para que, dentro del ámbito de tu influencia, crezcan de la semilla plantas fuertes y sanas. Tú eres el jardinero y debes ocuparte de que la sequía o cabras salvajes no destruyan el brote tierno.

Dios te puede dar las mejores semillas, pero si no caen en tierra fér­til y no las cuidas y las conservas no se pueden desarrollar ni las mejo­res capacidades ..

Caiga lo que caiga en el suelo fecundo de tu alma, cuídalo y guár­dalo con esmero. Presta atención y cuidado, y protégelo de los comen­tarios mordaces de tu razón analítica y de las plagas de los consejos y comentarios de amigos, que son como una invasión de insaciables lan­gostas. Consérvalo en silencio en tu corazón. Deja que la semilla crez­ca lentamente y las cabras salvajes se echarán a descansar a la sombra de un árbol enorme en vez de comérsela cuando todavía es un brote.

Y aunque no tengamos influencia sobre la clase de suelo en el que caerá nuestra semilla, ya sea éste un despeñadero de montaña pobre y arrasado por el viento, una amplia llanura seca donde tienes que ir en busca de agua o un jardín del Edén, no importa; allí donde caiga nues­tra semilla enraizará con todo nuestro amor y fuerza. Echa un vistazo a tu vida. Justamente aquí está tu sitio. Justamente aquí tienes que es­tar. Justamente aquí crece tu árbol a lo ancho, a lo largo y en profun­didad.”

 

A menudo nos enfocamos demasiado en los factores externos, en ésos que nos generan preocupación y sobre los cuales tenemos muy poca o nada de influencia. A menudo, nos olvidamos de volver la mirada hacia nuestro interior y trabajar sobre aquellas cosas que dependen de nosotros y que sí podemos cambiar.

En ese trabajo introspectivo me he estado centrando en los dos últimos meses y por eso he estado un poco ausente por aquí. Durante unos días lo atribuí al poco tiempo libre que me deja la actividad cotidiana para dedicarme a esto, pero lo cierto es que durante todos mis años de bloggera siempre he tenido períodos de absentismo similares a éste y otros de una alta actividad inspiradora que me empuja a escribir con mayor frecuencia y a sacar el tiempo de donde no lo tengo cuando siento al necesidad imperante de escribir. Considerando que el tiempo es ilusorio y que tengo más que suficiente para hacer y vivir o que me hace feliz; estoy de vuelta y con mejor disposición que nunca.

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