…a ser, a vivir, a reinventarte, a seguir…

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“Cómo Instalarse un Ego de Bajo Consumo” Fidel Delgado

via “Cómo Instalarse un Ego de Bajo Consumo” Fidel Delgado.

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La vida es fluir

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“I will not stress myself out about things I can’t Control or Change.”

Control y Cambio son dos términos alrededor de los cuales gira nuestra vida a pesar de que muchas veces no somos conscientes de ello. La mayoría de las personas queremos sentirnos dueños de lo que hacemos, queremos coger el toro por los cuernos y sentir que de una manera u otra dirigimos nuestra vida hacia donde queremos. Sentir que no controlamos nuestra vida nos genera una incertidumbre tremenda. Sentir que no somos capaces de cambiar algo nos genera frustración e impotencia.

Cuando mi yaya aún vivía, recuerdo que una vez me invitó a tomar café y conversaba conmigo mientras me decía que no me sintiera mal tras mi última ruptura porque (según ella) el destino estaba escrito y las cosas me irían bien. Mi madre sin embargo siempre me ha dicho que el destino no existe y que nosotros forjamos nuestro propio camino; por lo que estas dos visiones tan distintas de la vida en un momento determinado me suscitaron un conflicto interno ante el cual acabé por concluir que una parte de la vida depende de nosotros y otra simplemente no. Aunque eso nos de mucho miedo.

Creo que todos estamos aquí para vivir un gran aprendizaje que aún no sabemos cuál es exactamente pero que en su conjunto, todas esas experiencias nos llevarán a algún camino que para mí, finalmente, consiste en descubrir mi propósito en la vida. Un propósito que ya está en mí, con experiencias que ya había elegido vivir incluso antes de nacer aunque ahora no sea consciente de ello; pero de eso se trata: de volverme cada vez más consciente.

Es cierto que tenemos siempre opciones y que podemos elegir qué hacer. Sin embargo también es cierto que hay muchas cosas que no dependen de nosotros, pero nos cuesta abandonarnos al destino, nos cuesta fluir con la vida y permitir que las cosas sean como son porque no queremos sentir el miedo aterrador que implica el no tener el control sobre algo… Especialmente si ese algo es nuestra vida. Pero, ¿qué sentido tiene poner resistencias?

Durante años, cada vez que me pasaba algo que no me gustaba o que yo consideraba una “desgracia”, no podía hacer otra cosa que preguntarme “por qué a mí?” Sin embargo después de completar mi primer ciclo de Rebirthing, esto es algo que ya ni siquiera se me ocurre plantearme. Sólo procuro aceptar lo que me sucede, intento ver cuál es el propósito de esa experiencia (en vez de buscar el motivo que lo generó porque aunque nos fastidie, averiguar las causas no va a cambiar los hechos) y sobretodo procuro mantenerme en el momento presente viendo cada una de esas experiencias como ocasiones para crecer (mi Renacedora llama a estas situaciones que nos mueven o nos revolucionan el mundo oops!” –> “otra oportunidad para sanar”).

Hay cosas que vivimos que no podemos ni controlar ni cambiar; esto es así para todos pero hay personas que no pueden vivir con eso. Una vez que te preguntas ¿qué es lo peor que puede pasar? ante una determinada circunstancia y te das cuenta de que verdaderamente puedes vivir con cualquiera que sea la respuesta; entonces todo el temor y el drama que tu mente ha generado alrededor de “eso” (sea lo que sea) se desvanece.

En mi último post escribí sobre la diferencia entre ser felices y experimentar la paz interna, y hoy nuevamente quiero decir que aunque algunas situaciones se escapen de nuestras manos; podemos siempre aceptar las circunstancias independientemente de que las mismas nos gusten o no. Hay una gran diferencia entre aceptar, resignarse y estar en paz y es importante no confundir una cosa con la otra porque podemos aceptar una situación sin que esto signifique que nos resignemos y podemos sentirnos en paz con una situación sin que esto implique que nos guste la situación; es sólo cuestión de cambiar un poco la perspectiva y dejarnos fluir con el ritmo de la vida porque sí; todo pasa para nosotros y no tiene sentido comernos la cabeza por cosas que no podemos cambiar o controlar.

¿Existe la tolerancia infinita?

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“Para ser tolerante uno a veces tiene que soportar situaciones difíciles, mas nunca debe tolerarse el abuso.”
~Bob Mandel

Ciñéndome al concepto más básico de lo que es la tolerancia, podría decirse que su definición habla sobre respetar las ideas o creencias de otras personas incluso cuando éstas difieren de las propias. De esta concepción sacamos por tanto algunos puntos claves para que la tolerancia pueda existir como lo son la aceptación y el respeto.

Hablando sobre la aceptación, se podría decir que se trata de no poner resistencia sino permitir que las cosas simplemente sean como son. Esto a su vez es un aspecto esencial del perdón porque si nos permitimos aceptar cada momento tal y como es, sin juzgarlo; evitaremos crear una acumulación de resentimiento.

Hablando sobre el respeto, se podría decir que honrar los pensamientos y opiniones de los demás sin importar qué tan opuestos sean a los nuestros es la única manera de crear un espacio libre de juicios y mantener relaciones saludables. Todos tenemos derecho a que se nos escuche y se nos respete por lo que pensamos, sentimos o expresamos.

A pesar de esto no hay que caer en la trampa de confundir la tolerancia con la sumisión e ignorar claras situaciones de abuso ya sea físico, verbal, mental o espiritual. Permanecer en una situación de violencia o justificar algo que sin duda alguna nos perjudica, sería equivalente a violar nuestros propios derechos humanos.

Ya dice Bob Mandel que “ser tolerante ante los errores de los otros es un importante acto de amor y compasión”; sin embargo en un entorno en el que no se han creado espacios para que cada persona refleje sus propias ideas y formas de ver las cosas independientemente de que éstas no reciban la aprobación de los demás, será imposible alcanzar la verdadera tolerancia.

Hay conductas que son intolerables independientemente de las circunstancias o de la persona que las manifieste y creo que ahí radica otro punto clave al entender de lo que se trata la tolerancia y el reto que la misma nos presenta: “ser tolerante con el hombre más no con su injusticia.”

Podemos ser tolerantes con una persona y esto no significa que debamos soportar sus conductas intolerables. Incluso si nos centramos en el momento presente y aceptamos que cada cosa suceda como sea que tenga que suceder; tampoco es necesario exponernos a los abusos o dejar que llegue la sangre al río para saber que tenemos un motivo justificado para retirarnos de esas situaciones antes que permitirnos ser víctimas de las mismas o ponernos a la altura del victimario cayendo en las mismas conductas abusivas que condenamos. Debemos aprender a poner un límite y esto es de suma importancia porque nadie más lo hará por nosotros.

En otras palabras;  “no evitas meter la mano en el fuego porque le tengas miedo, sino porque sabes que te quemarías. No necesitas tener miedo para evitar peligros innecesarios; basta un mínimo de inteligencia y sentido común.”

Otro punto importante a tener en cuenta con todo esto del camino hacia la tolerancia infinita, es hacer la distinción entre ser felices y experimentar la paz interna. Como lo expone Eckhart Tolle en su más famoso libro, hay hechos que todos experimentamos en nuestra vida diaria que es imposible que nos hagan felices como lo es por ejemplo la pérdida de un ser querido; sin embargo no es menos cierto que ante una situación como ésta podemos experimentar la paz interior.

Esto significa que podemos amar y perdonar y tolerar a una persona sin que esto implique que tengamos que soportar sus abusos. También podemos amar y perdonar y tolerar a una persona sin que esto signifique que tengamos que mantener una relación con ella. Y no mantener una relación con ella puede que sea algo que no nos haga felices; pero sigue siendo algo válido siempre que podamos experimentar la paz interna y nuestro propio bienestar.

Independientemente de las circunstancias, todas las cosas que vivimos nos enseñan grandes lecciones de las que podemos aprender a crecer y a ser seres más reales y capaces de conectar con la sabiduría interna que nos dejan incluso las situaciones más dolorosas que vivimos.

“Pero si miras de cerca, verás que tu manera de comportarte y tu forma de pensar están diseñadas para perpetuar el dolor, tanto para ti mismo como para los demás. Si realmente fueras consciente de él, este patrón se disolvería, porque desear más dolor es una locura y nadie está conscientemente loco.
~Eckhart Tolle

Atrévete a Soñar

10 mandamientos para vivir mejor

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  1. No te preocupes de las actividades humanas; el preocuparse es la menos productiva.
  2. No tengas miedo; la mayor parte de las cosas a las que le tenemos miedo nunca suceden.
  3. No seas rencoroso; el rencor es una de las cargas más pesadas de la vida.
  4. Enfrenta cada problema según llega; de todas maneras sólo puedes manejarlos uno a uno.
  5. No te lleves los problemas a la cama; son malos compañeros del sueño.
  6. No tomes prestado los problemas de los demás; ellos pueden manejarlos mejor que tú.
  7. No revivas el ayer; para bien o para mal se ha ido para siempre. Concéntrate en lo que está pasando en tu vida y sé feliz ahora.
  8. Sé un buen oyente; sólo cuando escuchas obtienes ideas diferentes a las que tienes.
  9. No te dejes caer por la frustración; mantén siempre una actitud positiva.
  10. Cuenta tus bendiciones, incluso si son pequeñas; muchas bendiciones pequeñas hacen una grande.

Learn to be more independent

“When someone hurts you, you learn to be stronger. When someone leaves you, you learn to be more independent.”
~Wilson Kanadi

Una de las cosas que más me ha costado llevar de esta ruptura es la independencia; y no me refiero precisamente a la condición de ser libre, sino a la entereza de carácter que se requiere para estar solo. Mi madre siempre me decía que no tenía claro que yo me fuese a vivir sola porque lo cierto es que no me gusta estarlo, siempre he necesitado del contacto con otras personas y el calor humano para sentirme bien y esto es algo que me ha caracterizado desde que nací; por lo que ahora me veo frente a frente con mi situación actual y aún no estoy segura de cómo llevarlo.

Cuando cumplí los 25 años empecé a sentir la necesidad de independizarme; lo conseguí un par de años más tarde pero nunca viví la experiencia de vivir sola. Salí de casa de mis padres a un piso que compartía con mi pareja, pero ahora él se ha ido y aún hay días en que lo echo de menos y desearía que estuviera a mi lado. Desde que se fue no he podido volver a casa; han pasado 5 meses desde entonces y ahora comienza a invadirme el malestar que me genera saber que en breve tengo que volver a mi piso, me guste o no.

La vida sigue su curso y yo no puedo seguir siendo el apéndice de mis padres o mis hermanos; ahora estoy sola y aunque podría seguir pasando una temporada más larga fuera de casa, supongo que en algún momento tengo que afrontar mi realidad. Estoy bastante mejor emocionalmente pero no sé si aún estoy preparada para volver. Intento no pensar en ello, pero cada vez que lo hago, se me viene el mundo encima y sólo puedo perdonarme a mí misma por sentirme así.

Esta experiencia me ayudará a ser más independiente; a salir un poco del cascarón y la necesidad que tengo de sentirme acompañada o de cierto modo protegida. No es que no disfrute de mis espacios en solitario; de hecho los necesito y creo que son fundamentales para mi bienestar, pero pensar que mi soledad es una condición que se prolonga en el tiempo de forma indefinida no es algo que me entusiasme mucho. Sentir el vacío en el hogar día y noches enteros, no tener con quien compartir las comidas o una buena peli no es precisamente mi idea de satisfacción.

Por supuesto que intento ver todo lo positivo que tiene y pensar que seguramente es cuestión de cogerle el gusto. Lo llevo lo mejor que puedo y procuro repetirme que soy suficiente ahora mismo, que ya soy en mí misma un ser total y completo y que nadie de fuera puede aportarme más de lo que ya soy.

“Aunque el cielo esté totalmente cubierto de nubes negras, el sol no desaparece.”
~Eckhart Tolle

¿Bueno? ¿Malo? ¡Quién sabe!

Había una vez un hombre que vivía con su hijo en una pequeña aldea en las montañas. Su único medio de subsistencia era el caballo que poseían, el cual alquilaban a los campesinos para roturar las tierras.

Todos los días, el hijo llevaba al caballo a las montañas para pastar. Un día, volvió sin el caballo y le dijo a su padre que lo había perdido. Esto significaba la ruina para los dos. Al enterarse de la noticia, los vecinos acudieron a su padre, y le dijeron: «Vecino, ¡qué mala suerte!» El hombre respondió: «Buena suerte, mala suerte, ¡quién sabe!».

Al cabo de unos días, el caballo regresó de la montaña, trayendo consigo muchos caballos salvajes que se le habían unido. Era una verdadera fortuna. Los vecinos, maravilla­dos, felicitaron al hombre: «Vecino, ¡qué buena suerte!». Sin inmutarse, les respon­dió: «Buena suerte, mala suerte, ¡quién sabe!»

Un día que el hijo intentaba domar a los caballos, uno le arrojó al suelo, partiéndose una pierna al caer. «¡Qué mala suerte, vecino!», le dijeron a su padre. «Buena suerte, mala suerte, ¡quién sabe!», volvió a ser su respuesta.

Una mañana aparecieron unos soldados en la aldea, reclutan­do a los hombres jóvenes para una guerra que había en el país. Se llevaron a todos los muchachos, excepto a su hijo, incapacita­do por su pierna rota. Vinieron otra vez los aldeanos, diciendo: «Vecino, ¡qué buena suerte!». «Buena suerte, mala suerte, ¡quién sabe!», contestó.

Dicen que esta historia continúa, siempre de la misma manera, y que nunca tendrá un final.

 

Es cierto que muchas veces la apariencia que tienen las cosas es un buen indicador de lo que realmente son, pero otras veces las cosas que parecen contratiempos pueden terminar siendo bendiciones y viceversa. A ciencia cierta no lo sabemos porque afortunadamente no tenemos el control sobre lo que sucederá; además las cosas son relativas y lo que puede ser bueno en un momento puede ser dañino en otro, y lo que puede ser positivo para unos, otros lo ven como algo negativo.

Ayer alguien especial me daba su apoyo mientras me decía que no siempre es inteligente intentar las cosas. Esa es una de las cosas que estoy aprendiendo porque siempre he sido una persona de llevar las cosas hasta sus últimas consecuencias y de intentar las cosas siempre y si es posible, siempre hasta el final. Pero a veces hay que saber cuándo detenerse. Otras hay que saber arriesgar. es difícil tomar decisiones cuando existen tantas incertidumbres. Por ejemplo nunca he intentado lanzarme por un barranco, porque sé que probablemente me voy a matar. Pero no lo he intentado. No lo sé a ciencia cierta. Hay momentos en los que no es tan sencillo saber qué hacer ante una situación determinada. especialmente cuando se te está cumpliendo un deseo que creías anhelar.

Yo sólo me puedo sentir agradecida y pedirle al Universo que permita que todo sea para bien. La vida da muchas vueltas y el desarrollo de la misma es completamente impredecible. A veces hay puertas que es mejor dejar abiertas, pero también a veces es necesario cerrar otras puertas, aunque nos cueste, para dar paso a nuevas oportunidades y experiencias, o para mantener el status quo de algo que quizás más adelante -o ahora- nos supondrá un giro positivo en el camino.

No sé lo que me espera el día de mañana, no sé si las decisiones de hoy me supondrán arrepentimientos después, pero tengo la plena confianza de que lo “correcto” es lo que me trae satisfacción en este momento y lo que me hace sentir bien.

¿Mañana mejor? Mejor ahora.

A seguir adelante…

A soñar,
a pelear por lo q amas,
a mostrarte tal cual eres,
a enfrentar tus miedos,
a decir lo siento…
a vivir feliz…
Sin importar qué diga la gente.
Ellos no viven tu vida…
No tienen idea quién eres!

Abandónalo

Fearlessness is the key

Los miedos no son más que pensamientos, y puedo desprenderme de ellos.
~Louise L. Hay

Muchas veces he tenido miedo a la incertidumbre generada a raíz de ciertas situaciones en distintos ámbitos de mi vida y eso me ha llevado, en varias ocasiones, a tomar malas decisiones o a no enfrentar las circunstancias que se me presentan. Sin embargo, estoy aprendiendo a darme cuenta de que los miedos no son más que pensamientos y que cuando los miro de frente la mayoría de las veces se disuelven; especialmente cuando miro las cosas desde la perspectiva de su opuesto: EL AMOR.

Mi renacedora me ha ayudado muchísimo en este proceso y aunque a veces es difícil ponerlo en práctica, voy poco a poco desprendiéndome y abandonando todas esas situaciones emocionales que me generan molestia o dolor. Poco a poco voy asumiendo una actitud más positiva frente a los problemas y me voy llenando de la confianza de que estoy a salvo y de que cada cosa sucede justo de la forma en que debe. Cuando es necesario me encomiendo a mi Yo Superior y procuro actuar para no dejarme arrastrar por los sentimientos negativos.

Antes me preocupaba muchísimo más por las cosas que podrían suceder después, por las reacciones que pudieran tener otros frente a mis actos o por las consecuencias que podrían derivarse de cosas que he dicho o hecho. Pero a veces hay que hacer las cosas aunque nos de miedo ya que esta es la única forma de sentirnos en paz con nosotros mismos y de avanzar en la dirección que deseamos. Yo no me puedo hacer responsable por lo que sientan o piensen los demás, así que sólo me centro en mi bienestar ya que no quiero pasarme la vida huyendo de las cosas que me asustan.

Por esa razón me repito a mí misma que es seguro expresar mis sentimientos y “me doy permiso para estar en paz”.

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