…a ser, a vivir, a reinventarte, a seguir…

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Ponle cariño a la vida

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“Muchos pensaban que yo poseía dones especiales o poderes poco comunes; pero sencillamente había leído y experimentado hasta que aprendí a usar lo que aprendí.”
~Jose Silva

Hoy me he sentido totalmente identificada con esta frase porque muchas veces la gente alaba mi inteligencia como si yo tuviese dotes especiales y aunque ante los ojos de otras personas mi inteligencia pudiese parecer en ocasiones más elevada de lo que en realidad es, lo cierto es que me considero una persona lista, pero no dotada de un coeficiente intelectual superior al de la mayoría de la gente. Seguramente si así fuera estaría sentada en Harvard descubriendo el agua tibia; aunque para eso no bastaría con ser inteligente sino que también necesitaría un montón de pasta!

Alguna vez me pregunto qué significará para esas personas que me alaban el ser “muy inteligente.” ¿Tener una titulación suma cum laude? ¿Saber algo de ordenadores? ¿Hablar otro idioma? ¿Ser independiente? ¿Poder escribir más de 50 palabras por minuto? ¿Ser pluriempleada? Porque si tuviese que hacer una lista de todas las cosas sobre las que no me entero o sobre aquellas que se me dan fatal; seguro que en esos aspectos resaltaría más por mi torpeza.

Yo soy más perfeccionista que inteligente y en realidad la mitad de las cosas por las que me alaban no son cuestión de inteligencia sino de ponerle un poco de cariño a la vida. Quizás mi cuidado al detalle y dedicación por hacer las cosas bien y culminar lo que empiezo es lo que me lleva realmente a conseguir resultados que luego la gente cree que no son más que mero acto de la divina providencia y de unos genes que muy convenientemente juegan a mi favor.

El que otras personas me consideren “muy inteligente” es por supuesto una excusa para todo tipo de expectativas y sucesivos comentarios como: “no sé cómo alguien TAN inteligente como tú pudo cometer un error así”, “me esperaba esto de cualquiera pero no de alguien TAN inteligente”, “parece mentira que con LO inteligente que eres hayas hecho algo así” (como si yo no tuviese derecho a caerme y levantarme), “esto mejor hazlo tú que eres MÁS inteligente” y, hablando claro; al margen de que lo que me digan me beneficie o me perjudique, estoy convencida de que nada va de ser o no inteligentes; si acaso, va de tener un poco de maña.

Lo que intento decir es que a veces sólo hace falta creer en lo que hacemos y hacerlo todo lo bien que podamos pero no creyéndonos la historia de que somos los mejores sino verdaderamente poniendo nuestro empeño sin esperar nada a cambio y sin intentar impresionar a nadie. Lo único que hace falta es prestar un poco de atención y ser un poco listos para poner en práctica todo lo que hemos aprendido y aquello que ya tenemos dentro; entonces el resto del mundo tendrá que cargar con el peso de sus propias expectativas independientemente de que  nos achaquen los aciertos o los fallos a la “inteligencia” como si se tratase de un ser con vida propia y voz cantante.

Todos tenemos la capacidad de absorber, de aprender, de evolucionar, de crecer y de adaptarnos; pero lo que consideramos “milagros” a veces no son más que fenómenos puramente naturales que resultan de nuestro propio poder de convicción, de sanación, de materialización y de nuestra fe si tan sólo nos encontrásemos siempre agudamente receptivos a todo lo que nos rodea y a lo que nos decimos a nosotros mismos.

“Entre las leyes del universo parece existir una especia de ley cósmica que garantiza que todos nosotros, no importa cuan ilustres o cuan inferiores seamos, cuan brillantes o cuan torpes seamos, podemos tomar parte en el advenimiento de sucesos legítimos por medio de la firmeza de nuestro deseo, nuestra creencia y nuestra expectativa.”
~Jose Silva

Entonces, ¿a qué esperas para ponerle cariño a la vida y sacar a relucir tu “inteligencia”?

Atrévete a Soñar

Give a little love…

…Todos podemos aprovechar una mano o un hombro sobre el que apoyarnos … igual de importante aunque quizás no tan obvio es extender el apoyo a los demás… Cuando extiendes tu apoyo a otras personas en su proceso de maximización, recibes múltiples beneficios. Experimentas tu valía en los otros, tu capacidad para hacerlo diferente y la satisfacción de dar desinteresadamente. Aprendes la magia del amor en acción. Mientras te diriges hacia tu maximización, te das cuenta de que eres parte de una gran familia y de que no eres el único que está en la selva en busca de lo mismo.

La llave para que el apoyo extendido te enriquezca y alivie a los demás es que lo hagas por el alegría que siente tu corazón al hacerlo y no por la necesidad de recibir una recompensa en el futuro.

~Bob Mandel, Maximízate

Este vídeo me inspira muchísimo y me hace sentir como que I am all up for making the world a better place.

Tu amor marca la gran diferencia

Acuérdate de lo bueno…

La ruptura del vínculo existente entre nosotros y alguien a quien queremos provoca dolor. Aunque se acepte la separación hay días en los que es inevitable sentirse un poco decaído. Pero tener pensamientos agradables genera bienestar; por eso dicen que “el arte de la vida consiste en tener tantos de aquellos pensamientos como sea posible.”

En días como hoy, me dedico estas palabras, para volver a levantarme y seguir andando…

Cuando el cielo esté gris, acuérdate cuando lo viste profundamente azul.
Cuando sientas frío, piensa en un sol radiante que ya te ha calentado.
Cuando sufras una temporal derrota, acuérdate de tus triunfos y de tus logros.
Cuando necesites amor, revive tus experiencias de afecto y ternura.

Acuérdate de lo que has vivido y de lo que has dado con alegría.

Recuerda los regalos que te han hecho. Los abrazos y besos que te han dado, los paisajes que has disfrutado y las risas que de ti han brotado. Si esto has tenido, lo puedes volver a tener, y lo que has logrado lo puedes volver a ganar.

Alégrate por lo bueno que tienes y por lo bueno de los demás, acéptalos tal cual son; deshecha los recuerdos tristes y dolorosos y sobre todo no tengas ningún rencor, no te lastimes más. Piensa en lo bueno, en lo amable, en lo bello y en la verdad.

Recorre tu vida, detente en donde haya bellos recuerdos y emociones sanas y vívelas otra vez. Visualiza aquel atardecer que te emocionó. Revive esa caricia espontánea que se te dio. Disfruta nuevamente de la paz que ya has conocido, piensa y vive bien.

Allí en tu mente están guardadas todas las imágenes ¡y sólo tú decides cuales has de volver a mirar!

No hay carga que se nos dé y no tengamos la capacidad de llevar.

Busca siempre vivir el presente aprendiendo del pasado, no cargues con situaciones y problemas que ya han pasado.

Piensa en esto: ¿Cuál era tu mayor problema hace diez años? Probablemente ahora sea nada.

Ahora, si dentro de diez años tus problemas actuales no han de ser nada ¿Por qué vivir tristes por ellos?

~Madre Teresa de Calcuta

¿Bueno? ¿Malo? ¡Quién sabe!

Había una vez un hombre que vivía con su hijo en una pequeña aldea en las montañas. Su único medio de subsistencia era el caballo que poseían, el cual alquilaban a los campesinos para roturar las tierras.

Todos los días, el hijo llevaba al caballo a las montañas para pastar. Un día, volvió sin el caballo y le dijo a su padre que lo había perdido. Esto significaba la ruina para los dos. Al enterarse de la noticia, los vecinos acudieron a su padre, y le dijeron: «Vecino, ¡qué mala suerte!» El hombre respondió: «Buena suerte, mala suerte, ¡quién sabe!».

Al cabo de unos días, el caballo regresó de la montaña, trayendo consigo muchos caballos salvajes que se le habían unido. Era una verdadera fortuna. Los vecinos, maravilla­dos, felicitaron al hombre: «Vecino, ¡qué buena suerte!». Sin inmutarse, les respon­dió: «Buena suerte, mala suerte, ¡quién sabe!»

Un día que el hijo intentaba domar a los caballos, uno le arrojó al suelo, partiéndose una pierna al caer. «¡Qué mala suerte, vecino!», le dijeron a su padre. «Buena suerte, mala suerte, ¡quién sabe!», volvió a ser su respuesta.

Una mañana aparecieron unos soldados en la aldea, reclutan­do a los hombres jóvenes para una guerra que había en el país. Se llevaron a todos los muchachos, excepto a su hijo, incapacita­do por su pierna rota. Vinieron otra vez los aldeanos, diciendo: «Vecino, ¡qué buena suerte!». «Buena suerte, mala suerte, ¡quién sabe!», contestó.

Dicen que esta historia continúa, siempre de la misma manera, y que nunca tendrá un final.

 

Es cierto que muchas veces la apariencia que tienen las cosas es un buen indicador de lo que realmente son, pero otras veces las cosas que parecen contratiempos pueden terminar siendo bendiciones y viceversa. A ciencia cierta no lo sabemos porque afortunadamente no tenemos el control sobre lo que sucederá; además las cosas son relativas y lo que puede ser bueno en un momento puede ser dañino en otro, y lo que puede ser positivo para unos, otros lo ven como algo negativo.

Ayer alguien especial me daba su apoyo mientras me decía que no siempre es inteligente intentar las cosas. Esa es una de las cosas que estoy aprendiendo porque siempre he sido una persona de llevar las cosas hasta sus últimas consecuencias y de intentar las cosas siempre y si es posible, siempre hasta el final. Pero a veces hay que saber cuándo detenerse. Otras hay que saber arriesgar. es difícil tomar decisiones cuando existen tantas incertidumbres. Por ejemplo nunca he intentado lanzarme por un barranco, porque sé que probablemente me voy a matar. Pero no lo he intentado. No lo sé a ciencia cierta. Hay momentos en los que no es tan sencillo saber qué hacer ante una situación determinada. especialmente cuando se te está cumpliendo un deseo que creías anhelar.

Yo sólo me puedo sentir agradecida y pedirle al Universo que permita que todo sea para bien. La vida da muchas vueltas y el desarrollo de la misma es completamente impredecible. A veces hay puertas que es mejor dejar abiertas, pero también a veces es necesario cerrar otras puertas, aunque nos cueste, para dar paso a nuevas oportunidades y experiencias, o para mantener el status quo de algo que quizás más adelante -o ahora- nos supondrá un giro positivo en el camino.

No sé lo que me espera el día de mañana, no sé si las decisiones de hoy me supondrán arrepentimientos después, pero tengo la plena confianza de que lo “correcto” es lo que me trae satisfacción en este momento y lo que me hace sentir bien.

¿Mañana mejor? Mejor ahora.

Peticiones de hoy

Hacer encargos al Universo es una práctica que comencé recientemente una vez que descubrí que tengo la fuerza y las posibilidades para realizar mis sueños y abrir paso al “comienzo de una vida en la que se van a cumplir los deseos tan pronto como sean pensados.”

Hoy me disponía a realizar unas gestiones en la oficina de desempleo de mi localidad y en lugar de darle fuerza a lo terrible que me parecía tener que pasarme un par de horas en cola hasta que me atendiesen para luego salir de allí más tarde, probablemente sin si quiera haber resuelto mi problema -como ya me había pasado otras veces-, me dije a mí misma “verás que hoy no encuentras cola, te atienden rápido y solucionas todo“.

Todo comenzó cuando llegué al mero centro de la ciudad y conseguí aparcamiento en primera línea en un lugar en el que a esa hora y en ese lugar, es casi imposible hacerlo. “Bien”, me dije.

Mientras me acercaba a la oficina no avisté la típica cola que suele haber, así que por un momento pensé que que se encontraba cerrada por las festividades de Semana Santa. Finalmente llegué a la puerta y me acomodé justo detrás de la última persona que esperaba al final. En menos de 2 minutos me pasaron a la sala. Sólo esperé 2 minutos más hasta que me atendieron y así, como por arte de magia, se dieron las cosas EXACTAMENTE como yo las había pedido: no encontré cola, me atendieron rápido y solucioné todo.

¿Suerte? ¿Casualidad?

Pídeselo al Universo, que él te lo concederá.

En ocasiones se harán posible cosas que cualquier estadística echaría por tierra.
~Bärbel Mohr
Fuente:
Pídeselo al Universo de Bärbel Mohr
 

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