…a ser, a vivir, a reinventarte, a seguir…

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Nota de los sabios: Vivir plenamente la vida

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La mayoría de nosotras querría vivir la vida plenamente. Pero cuando se trata de poner estas palabras en práctica, no sabemos cómo hacerlo. Nos preguntamos si sabemos realmente lo que significa vivir plenamente, o si lo hemos sabido alguna vez.

Estamos tentadas de salir corriendo y precipitarnos sobre libros del estilo «cómo llegar a…». Si encontramos el libro adecuado, sabemos lo que hacer. Cuando ya hemos leído suficiente, estamos listas para seguir instrucciones. O empezamos a asistir a conferencias y talleres prácticos. Intentamos la meditación, la danza de tambores, los cantos, dietas especiales, ejercicios concretos y terapias especiales. Siempre mirando fuera de nosotras mismas para encontrar fórmulas y respuestas.

En algún punto, nos damos cuenta de que a pesar de lo bueno que sean estos enfoques, tenemos que volver a darnos cuenta de que sólo nosotras sabemos cómo vivir nuestras vidas plenamente. Podemos aceptar indicaciones que nos guíen, pero, en última instancia, vivir nuestras vidas depende de nosotras.

Incluso si nunca lo hemos hecho, el conocimiento de cómo vivir nuestras vidas plenamente reside totalmente en lo más profundo de nosotras mismas.
∼Anne Wilson Schaef
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Riesgo es Libertad

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Pensamientos de Facundo Cabral

Bonitos mensajes para tener en cuenta…

Una entrevista excepcional…

¿Padre que es lo que mas le sorprende de la humanidad?…

Dios respondió…

… Que se aburren de ser niños y quieran crecer rápido, para después desear ser niños otra vez…
Que desperdicien la salud para hacer dinero y luego pierdan el dinero para recuperar la salud…
Que ansían el futuro y olviden el presente pues así no viven ni el presente ni el futuro…
Que vivan como si nunca van a morir y mueran como si nunca han vivido…

Quedé en silencio un rato y le igual le pregunté…

¿Padre, cuáles son las lecciones de vida que quieres que tus hijos aprendamos?

Y con una sonrisa respondió…

Que aprendan que no pueden hacer que nadie los ame sino dejarse amar,
que lo mas valioso en la vida no es lo que tenemos sino a quien tenemos,
que una persona rica no es quien tiene más sino quien necesita menos,
y que el dinero puede comprar todo menos la felicidad…

Que el físico atrae pero la personalidad enamora…
Que quien no valora lo que tiene, algún día se lamentará por haberlo perdido…
Que quien hace mal algún día recibirá su merecido.

Si quieres ser feliz haz feliz a alguien,
si quieres recibir, da un poco de ti,
rodéate de buenas personas y sé una de ellas.

Recuerda, a veces de quien menos esperas es quien te hará vivir buenas experiencias!
Nunca arruines tu presente por un pasado que no tiene futuro.
Una persona fuerte sabe cómo mantener en orden su vida.
Aún con lágrimas en los ojos se las arregla para decir con una sonrisa “Estoy Bien”.

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“Cómo Instalarse un Ego de Bajo Consumo” Fidel Delgado

via “Cómo Instalarse un Ego de Bajo Consumo” Fidel Delgado.

¿Qué significa perdonar?

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En Marzo del año 2006 quien era mi pareja en aquel momento me había regalado entradas para ir al NASDAQ-100 Open (desde entonces ha cambiado de nombre) que es un torneo de tenis que se celebra de manera anual en Miami, Florida (EEUU).

Por aquella época yo nunca había asistido a un evento así, me hacía muchísima ilusión y la oportunidad estaba allí. Sólo había un pequeño problema…

3 días después de que se celebrase el torneo tenía previsto mudarme de país y para entonces llevaba meses preparando mi mudanza. Aquel viaje suponía un gran cambio en mi vida; especialmente el de mantener la relación con mi pareja a larga distancia. Por este motivo, por aquellos días yo no podía pensar en otra cosa que no fuese aprovechar cada segundo estando con él, pero el viaje también requería de mucha preparación y compatibilizar ambas cosas no fue tarea sencilla.

Desde que supe que podría asistir al torneo me esmeré en acelerar mi proceso de mudanza. Finalmente tenía todo listo y pude irme al torneo, claro que yo no contaba con que mis padres, dueños de un negocio, iban con retraso en el cierre del local y en el propio embalaje de todas las cosas en casa. Así que el segundo día de mi escapada a media tarde cuando apenas llegaba a Miami recibí una llamada de mi madre instándome a presentarme de inmediato en el negocio para ayudar con lo que estaba pendiente.

Inicialmente me negué, pero entonces me sentí culpable, así que decidí volver a casa. Perdimos las entradas, el dinero, el aparcamiento, la gasolina, los asientos y una hora después me encontraba escuchando los comentarios de mi madre sobre cómo se me ocurría encapricharme con semejantes insignificancias inoportunas en un momento tan crucial como aquel.

Este episodio fue el único que vino a mi mente durante mi 6ta sesión de terapia en la que me correspondía hacer un trabajo de perdón a mi madre. Hoy en día aquel episodio me parece de lo más intrascendente; pero durante años no fue así. Durante mucho tiempo me pregunté si alguna vez mi madre llegó a comprender lo que aquello supuso para mí, lo que me lleva a compartir entre estas líneas algo de lo que he aprendido sobre el perdón.

La primera cosa que mi terapeuta me explicó cuando nos dispusimos a hacer este trabajo de perdón, fue en sí mismo lo que significaba perdonar. En primer lugar me dijo que perdonar no se trata de mirar a nadie desde arriba como si nosotros fuésemos elefantes y ellos hormigas y creyéndonos que tenemos el poder de absolverlos por algo que han hecho.

En lugar de eso, el perdón se trata de ser nosotros quienes cambiamos nuestra propia visión sobre esos acontecimientos que ocurrieron en un momento determinado; como si nos pusiésemos unas gafas que nos permitiesen percibir esa situación de otra manera (o en otro color). En otras palabras, perdonar es aprender a ver las cosas que nos han hecho daño o los resentimientos que tenemos con otros ojos; teniendo en cuenta que perdonar no es olvidar; no es actuar como si aquello nunca ocurrió; es simplemente sentirnos en paz con esas situaciones y no continuar permitiendo que nos generen emociones negativas cada vez que revivimos en nuestra mente aquellos episodios.

Comúnmente se entiende que perdonar es algo que hacemos por otros como si les diésemos un indulto y les liberásemos de una condena; pero en realidad es un trabajo que hacemos por nosotros. En el fondo, nos perdonamos a nosotros mismos y todas esas cosas de nosotros mismos que vemos reflejadas en los demás; pues a fin de cuentas tan sólo somos espejos.

Después de la explicación de mi Renacedora, entendí que realmente las situaciones o las personas que yo perdonaba no cambian. Esas cosas habían sucedido, esas personas seguían siendo responsables de sus propios actos; lo único que cambia a través del perdón es mi forma de ver las cosas.

Aprender esto fue algo que me trajo muchísimo confort y que hoy en día me sigue trayendo una paz infinita porque me libera de la necesidad de que otro venga a pedirme disculpas o de que otro se sienta culpable por lo que ha hecho. También me libera de seguir arrastrando cargas negativas del pasado para así poder vivir mejor el presente.

“Visión es el arte de ver las cosas invisibles”
~Jonathan Swift

La vida es fluir

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“I will not stress myself out about things I can’t Control or Change.”

Control y Cambio son dos términos alrededor de los cuales gira nuestra vida a pesar de que muchas veces no somos conscientes de ello. La mayoría de las personas queremos sentirnos dueños de lo que hacemos, queremos coger el toro por los cuernos y sentir que de una manera u otra dirigimos nuestra vida hacia donde queremos. Sentir que no controlamos nuestra vida nos genera una incertidumbre tremenda. Sentir que no somos capaces de cambiar algo nos genera frustración e impotencia.

Cuando mi yaya aún vivía, recuerdo que una vez me invitó a tomar café y conversaba conmigo mientras me decía que no me sintiera mal tras mi última ruptura porque (según ella) el destino estaba escrito y las cosas me irían bien. Mi madre sin embargo siempre me ha dicho que el destino no existe y que nosotros forjamos nuestro propio camino; por lo que estas dos visiones tan distintas de la vida en un momento determinado me suscitaron un conflicto interno ante el cual acabé por concluir que una parte de la vida depende de nosotros y otra simplemente no. Aunque eso nos de mucho miedo.

Creo que todos estamos aquí para vivir un gran aprendizaje que aún no sabemos cuál es exactamente pero que en su conjunto, todas esas experiencias nos llevarán a algún camino que para mí, finalmente, consiste en descubrir mi propósito en la vida. Un propósito que ya está en mí, con experiencias que ya había elegido vivir incluso antes de nacer aunque ahora no sea consciente de ello; pero de eso se trata: de volverme cada vez más consciente.

Es cierto que tenemos siempre opciones y que podemos elegir qué hacer. Sin embargo también es cierto que hay muchas cosas que no dependen de nosotros, pero nos cuesta abandonarnos al destino, nos cuesta fluir con la vida y permitir que las cosas sean como son porque no queremos sentir el miedo aterrador que implica el no tener el control sobre algo… Especialmente si ese algo es nuestra vida. Pero, ¿qué sentido tiene poner resistencias?

Durante años, cada vez que me pasaba algo que no me gustaba o que yo consideraba una “desgracia”, no podía hacer otra cosa que preguntarme “por qué a mí?” Sin embargo después de completar mi primer ciclo de Rebirthing, esto es algo que ya ni siquiera se me ocurre plantearme. Sólo procuro aceptar lo que me sucede, intento ver cuál es el propósito de esa experiencia (en vez de buscar el motivo que lo generó porque aunque nos fastidie, averiguar las causas no va a cambiar los hechos) y sobretodo procuro mantenerme en el momento presente viendo cada una de esas experiencias como ocasiones para crecer (mi Renacedora llama a estas situaciones que nos mueven o nos revolucionan el mundo oops!” –> “otra oportunidad para sanar”).

Hay cosas que vivimos que no podemos ni controlar ni cambiar; esto es así para todos pero hay personas que no pueden vivir con eso. Una vez que te preguntas ¿qué es lo peor que puede pasar? ante una determinada circunstancia y te das cuenta de que verdaderamente puedes vivir con cualquiera que sea la respuesta; entonces todo el temor y el drama que tu mente ha generado alrededor de “eso” (sea lo que sea) se desvanece.

En mi último post escribí sobre la diferencia entre ser felices y experimentar la paz interna, y hoy nuevamente quiero decir que aunque algunas situaciones se escapen de nuestras manos; podemos siempre aceptar las circunstancias independientemente de que las mismas nos gusten o no. Hay una gran diferencia entre aceptar, resignarse y estar en paz y es importante no confundir una cosa con la otra porque podemos aceptar una situación sin que esto signifique que nos resignemos y podemos sentirnos en paz con una situación sin que esto implique que nos guste la situación; es sólo cuestión de cambiar un poco la perspectiva y dejarnos fluir con el ritmo de la vida porque sí; todo pasa para nosotros y no tiene sentido comernos la cabeza por cosas que no podemos cambiar o controlar.

Ponle cariño a la vida

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“Muchos pensaban que yo poseía dones especiales o poderes poco comunes; pero sencillamente había leído y experimentado hasta que aprendí a usar lo que aprendí.”
~Jose Silva

Hoy me he sentido totalmente identificada con esta frase porque muchas veces la gente alaba mi inteligencia como si yo tuviese dotes especiales y aunque ante los ojos de otras personas mi inteligencia pudiese parecer en ocasiones más elevada de lo que en realidad es, lo cierto es que me considero una persona lista, pero no dotada de un coeficiente intelectual superior al de la mayoría de la gente. Seguramente si así fuera estaría sentada en Harvard descubriendo el agua tibia; aunque para eso no bastaría con ser inteligente sino que también necesitaría un montón de pasta!

Alguna vez me pregunto qué significará para esas personas que me alaban el ser “muy inteligente.” ¿Tener una titulación suma cum laude? ¿Saber algo de ordenadores? ¿Hablar otro idioma? ¿Ser independiente? ¿Poder escribir más de 50 palabras por minuto? ¿Ser pluriempleada? Porque si tuviese que hacer una lista de todas las cosas sobre las que no me entero o sobre aquellas que se me dan fatal; seguro que en esos aspectos resaltaría más por mi torpeza.

Yo soy más perfeccionista que inteligente y en realidad la mitad de las cosas por las que me alaban no son cuestión de inteligencia sino de ponerle un poco de cariño a la vida. Quizás mi cuidado al detalle y dedicación por hacer las cosas bien y culminar lo que empiezo es lo que me lleva realmente a conseguir resultados que luego la gente cree que no son más que mero acto de la divina providencia y de unos genes que muy convenientemente juegan a mi favor.

El que otras personas me consideren “muy inteligente” es por supuesto una excusa para todo tipo de expectativas y sucesivos comentarios como: “no sé cómo alguien TAN inteligente como tú pudo cometer un error así”, “me esperaba esto de cualquiera pero no de alguien TAN inteligente”, “parece mentira que con LO inteligente que eres hayas hecho algo así” (como si yo no tuviese derecho a caerme y levantarme), “esto mejor hazlo tú que eres MÁS inteligente” y, hablando claro; al margen de que lo que me digan me beneficie o me perjudique, estoy convencida de que nada va de ser o no inteligentes; si acaso, va de tener un poco de maña.

Lo que intento decir es que a veces sólo hace falta creer en lo que hacemos y hacerlo todo lo bien que podamos pero no creyéndonos la historia de que somos los mejores sino verdaderamente poniendo nuestro empeño sin esperar nada a cambio y sin intentar impresionar a nadie. Lo único que hace falta es prestar un poco de atención y ser un poco listos para poner en práctica todo lo que hemos aprendido y aquello que ya tenemos dentro; entonces el resto del mundo tendrá que cargar con el peso de sus propias expectativas independientemente de que  nos achaquen los aciertos o los fallos a la “inteligencia” como si se tratase de un ser con vida propia y voz cantante.

Todos tenemos la capacidad de absorber, de aprender, de evolucionar, de crecer y de adaptarnos; pero lo que consideramos “milagros” a veces no son más que fenómenos puramente naturales que resultan de nuestro propio poder de convicción, de sanación, de materialización y de nuestra fe si tan sólo nos encontrásemos siempre agudamente receptivos a todo lo que nos rodea y a lo que nos decimos a nosotros mismos.

“Entre las leyes del universo parece existir una especia de ley cósmica que garantiza que todos nosotros, no importa cuan ilustres o cuan inferiores seamos, cuan brillantes o cuan torpes seamos, podemos tomar parte en el advenimiento de sucesos legítimos por medio de la firmeza de nuestro deseo, nuestra creencia y nuestra expectativa.”
~Jose Silva

Entonces, ¿a qué esperas para ponerle cariño a la vida y sacar a relucir tu “inteligencia”?

Atrévete a Soñar

Al filo de la madrugada

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    Al filo de la madrugada
    prendió la luz de la mañana
    y escribió en papel una y otra vez
    “me despido, me marcho pa’ no volver”.
Salió a vivir con tantas ganas
que echó a correr pidiendo nada
Y empezó a creer, que por una vez
el dolor que sentía le haría bien.
Lo que duele no es irse, duele despedirse,
lo que duele no es el invierno gris,
lo que mata y remata es la cicatriz.
Lo que hoy duele mañana puede que sea nada,
porque un mundo despierta, cuando el otro se apaga.
El corazón no se equivoca,
se guarda todo lo que toca,
late por amor, late por dolor,
se confunde, se entrega, se parte en dos.
Sabe perdonar, pero no sabrá olvidarse,
porque el corazón solo sabe hacer las paces,
y empezó a creer que por una vez
el dolor que sentía se iría.
Lo que duele no es irse, duele despedirse,
lo que duele no es el inviernos gris,
lo que mata y remata es la cicatriz.
Lo que hoy duele mañana puede que sea nada,
porque un mundo despierta, cuando el otro se apaga.
    Lo que hoy duele mañana puede que sea nada,
porque un mundo despierta, cuando el otro se apaga…   
~Rosana Arbelo Gopar

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