…a ser, a vivir, a reinventarte, a seguir…

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Nota de los sabios: Felicidad/Depresión

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No hay diferencia entre felicidad y depresión. Ambas tienen el mismo proceso. Sólo el contenido es diferente. Ambas van y vienen. La mayor diferencia entre las dos es lo que hacemos con ellas.

Siempre estamos buscando la felicidad. Cuando la vemos venir decimos: «Oh, ven aquí, te he visto. Permanece conmigo para siempre.» La felicidad se ríe y dice: «Oh, ella me ha visto, ahora me puedo ir.» Y se va.

En cuanto a la depresión, la vemos venir y decimos: «Vete, no te quiero conmigo.» Y la depresión saluda y dice: «Aquí estoy de nuevo. Voy a crecer cada vez más, hasta que ella me oiga y aprenda lo que tengo que enseñarle.»

Así pues, nos da un golpecito en el hombro y dice: «Por aquí, por aquí», hasta que capta nuestra atención. Entonces se va.

Tanto la felicidad como la depresión tienen algo que enseñarnos. Ambas vienen y se van. Ambas volverán. Es nuestra respuesta y la apertura a aprender de ambas lo que marca la diferencia.

“Mi felicidad es un regalo. Mi depresión es un regalo. Ambas son como mariposas en mi vida.”
~Anne Wilson Schaef

Observación de la semana: Autoconfianza

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“Tal vez mostremos un buen frente, pero sabemos que todavía quedan escondidos esos pequeños miedos nimios de que quizá no seamos lo suficientemente buenas.”
~Anne Wilson Schaef

Durante las 2 últimas semanas he tenido que atender en el trabajo a al menos 3 “barbies malos tratos” algunas con pasaportes rotos, otras con hematomas y collarines; y algunas sin evidencias visibles de agresiones físicas, pero todas con una historia de por medio que en la mayoría de casos intenta ocultar de manera fracasada la realidad de lo que les ha ocurrido.

Lo curioso es que luego no llevan las cosas hasta sus últimas consecuencias; quizás porque realmente no se sienten bien con ellas mismas. Tienen la oportunidad de reivindicarse y hacer algo por ellas; aunque sólo sea darse valor y respetar su dignidad propia pero vuelven siempre a manos de sus agresores e incluso hasta los defienden. ¿De verdad tenemos tanta necesidad de las figuras masculinas en nuestras vidas?

Vemos estas mujeres a diario y pensamos en lo triste que es que no sepan valorarse o confiar en su instinto; no entendemos cómo pueden hacer algo así pero no nos damos cuenta de que estas mujeres son un reflejo de nosotras mismas.

No necesitamos que una pareja nos agreda físicamente para entender que en el fondo las “barbies malos tratos” y nosotras no somos tan distintas.

¿Cuántas veces hemos dejado de aspirar a algo mejor o de intentar cosas con las que soñamos por contarnos a nosotras mismas la historia de que no somos lo suficientemente buenas?

¿Cuántas veces nos decimos a nosotras mismas que merecemos algo mejor pero seguimos enganchadas a los malos hábitos de siempre?

¿Por qué le tenemos tanto miedo a la soledad?

¿Por qué somos tan dependientes?

La manera en que nos vemos a nosotras mismas tiene una gran influencia en la manera en que nos comportamos; por eso es importante trabajar en la auto-confianza y en la auto-aceptación; aprender a querernos primero a nosotras mismas antes de que otros puedan hacerlo y recordar que nuestro corazón debe ser nuestra guía; es la mente la que nos hace desviarnos del camino y por tanto a veces hay cosas sobre las que es mejor no pensar.

“Nunca cambiarás tu vida hasta que cambies algo que haces cada día”
~Mike Murdoch

¿Qué significa perdonar?

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En Marzo del año 2006 quien era mi pareja en aquel momento me había regalado entradas para ir al NASDAQ-100 Open (desde entonces ha cambiado de nombre) que es un torneo de tenis que se celebra de manera anual en Miami, Florida (EEUU).

Por aquella época yo nunca había asistido a un evento así, me hacía muchísima ilusión y la oportunidad estaba allí. Sólo había un pequeño problema…

3 días después de que se celebrase el torneo tenía previsto mudarme de país y para entonces llevaba meses preparando mi mudanza. Aquel viaje suponía un gran cambio en mi vida; especialmente el de mantener la relación con mi pareja a larga distancia. Por este motivo, por aquellos días yo no podía pensar en otra cosa que no fuese aprovechar cada segundo estando con él, pero el viaje también requería de mucha preparación y compatibilizar ambas cosas no fue tarea sencilla.

Desde que supe que podría asistir al torneo me esmeré en acelerar mi proceso de mudanza. Finalmente tenía todo listo y pude irme al torneo, claro que yo no contaba con que mis padres, dueños de un negocio, iban con retraso en el cierre del local y en el propio embalaje de todas las cosas en casa. Así que el segundo día de mi escapada a media tarde cuando apenas llegaba a Miami recibí una llamada de mi madre instándome a presentarme de inmediato en el negocio para ayudar con lo que estaba pendiente.

Inicialmente me negué, pero entonces me sentí culpable, así que decidí volver a casa. Perdimos las entradas, el dinero, el aparcamiento, la gasolina, los asientos y una hora después me encontraba escuchando los comentarios de mi madre sobre cómo se me ocurría encapricharme con semejantes insignificancias inoportunas en un momento tan crucial como aquel.

Este episodio fue el único que vino a mi mente durante mi 6ta sesión de terapia en la que me correspondía hacer un trabajo de perdón a mi madre. Hoy en día aquel episodio me parece de lo más intrascendente; pero durante años no fue así. Durante mucho tiempo me pregunté si alguna vez mi madre llegó a comprender lo que aquello supuso para mí, lo que me lleva a compartir entre estas líneas algo de lo que he aprendido sobre el perdón.

La primera cosa que mi terapeuta me explicó cuando nos dispusimos a hacer este trabajo de perdón, fue en sí mismo lo que significaba perdonar. En primer lugar me dijo que perdonar no se trata de mirar a nadie desde arriba como si nosotros fuésemos elefantes y ellos hormigas y creyéndonos que tenemos el poder de absolverlos por algo que han hecho.

En lugar de eso, el perdón se trata de ser nosotros quienes cambiamos nuestra propia visión sobre esos acontecimientos que ocurrieron en un momento determinado; como si nos pusiésemos unas gafas que nos permitiesen percibir esa situación de otra manera (o en otro color). En otras palabras, perdonar es aprender a ver las cosas que nos han hecho daño o los resentimientos que tenemos con otros ojos; teniendo en cuenta que perdonar no es olvidar; no es actuar como si aquello nunca ocurrió; es simplemente sentirnos en paz con esas situaciones y no continuar permitiendo que nos generen emociones negativas cada vez que revivimos en nuestra mente aquellos episodios.

Comúnmente se entiende que perdonar es algo que hacemos por otros como si les diésemos un indulto y les liberásemos de una condena; pero en realidad es un trabajo que hacemos por nosotros. En el fondo, nos perdonamos a nosotros mismos y todas esas cosas de nosotros mismos que vemos reflejadas en los demás; pues a fin de cuentas tan sólo somos espejos.

Después de la explicación de mi Renacedora, entendí que realmente las situaciones o las personas que yo perdonaba no cambian. Esas cosas habían sucedido, esas personas seguían siendo responsables de sus propios actos; lo único que cambia a través del perdón es mi forma de ver las cosas.

Aprender esto fue algo que me trajo muchísimo confort y que hoy en día me sigue trayendo una paz infinita porque me libera de la necesidad de que otro venga a pedirme disculpas o de que otro se sienta culpable por lo que ha hecho. También me libera de seguir arrastrando cargas negativas del pasado para así poder vivir mejor el presente.

“Visión es el arte de ver las cosas invisibles”
~Jonathan Swift

La vida es fluir

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“I will not stress myself out about things I can’t Control or Change.”

Control y Cambio son dos términos alrededor de los cuales gira nuestra vida a pesar de que muchas veces no somos conscientes de ello. La mayoría de las personas queremos sentirnos dueños de lo que hacemos, queremos coger el toro por los cuernos y sentir que de una manera u otra dirigimos nuestra vida hacia donde queremos. Sentir que no controlamos nuestra vida nos genera una incertidumbre tremenda. Sentir que no somos capaces de cambiar algo nos genera frustración e impotencia.

Cuando mi yaya aún vivía, recuerdo que una vez me invitó a tomar café y conversaba conmigo mientras me decía que no me sintiera mal tras mi última ruptura porque (según ella) el destino estaba escrito y las cosas me irían bien. Mi madre sin embargo siempre me ha dicho que el destino no existe y que nosotros forjamos nuestro propio camino; por lo que estas dos visiones tan distintas de la vida en un momento determinado me suscitaron un conflicto interno ante el cual acabé por concluir que una parte de la vida depende de nosotros y otra simplemente no. Aunque eso nos de mucho miedo.

Creo que todos estamos aquí para vivir un gran aprendizaje que aún no sabemos cuál es exactamente pero que en su conjunto, todas esas experiencias nos llevarán a algún camino que para mí, finalmente, consiste en descubrir mi propósito en la vida. Un propósito que ya está en mí, con experiencias que ya había elegido vivir incluso antes de nacer aunque ahora no sea consciente de ello; pero de eso se trata: de volverme cada vez más consciente.

Es cierto que tenemos siempre opciones y que podemos elegir qué hacer. Sin embargo también es cierto que hay muchas cosas que no dependen de nosotros, pero nos cuesta abandonarnos al destino, nos cuesta fluir con la vida y permitir que las cosas sean como son porque no queremos sentir el miedo aterrador que implica el no tener el control sobre algo… Especialmente si ese algo es nuestra vida. Pero, ¿qué sentido tiene poner resistencias?

Durante años, cada vez que me pasaba algo que no me gustaba o que yo consideraba una “desgracia”, no podía hacer otra cosa que preguntarme “por qué a mí?” Sin embargo después de completar mi primer ciclo de Rebirthing, esto es algo que ya ni siquiera se me ocurre plantearme. Sólo procuro aceptar lo que me sucede, intento ver cuál es el propósito de esa experiencia (en vez de buscar el motivo que lo generó porque aunque nos fastidie, averiguar las causas no va a cambiar los hechos) y sobretodo procuro mantenerme en el momento presente viendo cada una de esas experiencias como ocasiones para crecer (mi Renacedora llama a estas situaciones que nos mueven o nos revolucionan el mundo oops!” –> “otra oportunidad para sanar”).

Hay cosas que vivimos que no podemos ni controlar ni cambiar; esto es así para todos pero hay personas que no pueden vivir con eso. Una vez que te preguntas ¿qué es lo peor que puede pasar? ante una determinada circunstancia y te das cuenta de que verdaderamente puedes vivir con cualquiera que sea la respuesta; entonces todo el temor y el drama que tu mente ha generado alrededor de “eso” (sea lo que sea) se desvanece.

En mi último post escribí sobre la diferencia entre ser felices y experimentar la paz interna, y hoy nuevamente quiero decir que aunque algunas situaciones se escapen de nuestras manos; podemos siempre aceptar las circunstancias independientemente de que las mismas nos gusten o no. Hay una gran diferencia entre aceptar, resignarse y estar en paz y es importante no confundir una cosa con la otra porque podemos aceptar una situación sin que esto signifique que nos resignemos y podemos sentirnos en paz con una situación sin que esto implique que nos guste la situación; es sólo cuestión de cambiar un poco la perspectiva y dejarnos fluir con el ritmo de la vida porque sí; todo pasa para nosotros y no tiene sentido comernos la cabeza por cosas que no podemos cambiar o controlar.

¿Existe la tolerancia infinita?

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“Para ser tolerante uno a veces tiene que soportar situaciones difíciles, mas nunca debe tolerarse el abuso.”
~Bob Mandel

Ciñéndome al concepto más básico de lo que es la tolerancia, podría decirse que su definición habla sobre respetar las ideas o creencias de otras personas incluso cuando éstas difieren de las propias. De esta concepción sacamos por tanto algunos puntos claves para que la tolerancia pueda existir como lo son la aceptación y el respeto.

Hablando sobre la aceptación, se podría decir que se trata de no poner resistencia sino permitir que las cosas simplemente sean como son. Esto a su vez es un aspecto esencial del perdón porque si nos permitimos aceptar cada momento tal y como es, sin juzgarlo; evitaremos crear una acumulación de resentimiento.

Hablando sobre el respeto, se podría decir que honrar los pensamientos y opiniones de los demás sin importar qué tan opuestos sean a los nuestros es la única manera de crear un espacio libre de juicios y mantener relaciones saludables. Todos tenemos derecho a que se nos escuche y se nos respete por lo que pensamos, sentimos o expresamos.

A pesar de esto no hay que caer en la trampa de confundir la tolerancia con la sumisión e ignorar claras situaciones de abuso ya sea físico, verbal, mental o espiritual. Permanecer en una situación de violencia o justificar algo que sin duda alguna nos perjudica, sería equivalente a violar nuestros propios derechos humanos.

Ya dice Bob Mandel que “ser tolerante ante los errores de los otros es un importante acto de amor y compasión”; sin embargo en un entorno en el que no se han creado espacios para que cada persona refleje sus propias ideas y formas de ver las cosas independientemente de que éstas no reciban la aprobación de los demás, será imposible alcanzar la verdadera tolerancia.

Hay conductas que son intolerables independientemente de las circunstancias o de la persona que las manifieste y creo que ahí radica otro punto clave al entender de lo que se trata la tolerancia y el reto que la misma nos presenta: “ser tolerante con el hombre más no con su injusticia.”

Podemos ser tolerantes con una persona y esto no significa que debamos soportar sus conductas intolerables. Incluso si nos centramos en el momento presente y aceptamos que cada cosa suceda como sea que tenga que suceder; tampoco es necesario exponernos a los abusos o dejar que llegue la sangre al río para saber que tenemos un motivo justificado para retirarnos de esas situaciones antes que permitirnos ser víctimas de las mismas o ponernos a la altura del victimario cayendo en las mismas conductas abusivas que condenamos. Debemos aprender a poner un límite y esto es de suma importancia porque nadie más lo hará por nosotros.

En otras palabras;  “no evitas meter la mano en el fuego porque le tengas miedo, sino porque sabes que te quemarías. No necesitas tener miedo para evitar peligros innecesarios; basta un mínimo de inteligencia y sentido común.”

Otro punto importante a tener en cuenta con todo esto del camino hacia la tolerancia infinita, es hacer la distinción entre ser felices y experimentar la paz interna. Como lo expone Eckhart Tolle en su más famoso libro, hay hechos que todos experimentamos en nuestra vida diaria que es imposible que nos hagan felices como lo es por ejemplo la pérdida de un ser querido; sin embargo no es menos cierto que ante una situación como ésta podemos experimentar la paz interior.

Esto significa que podemos amar y perdonar y tolerar a una persona sin que esto implique que tengamos que soportar sus abusos. También podemos amar y perdonar y tolerar a una persona sin que esto signifique que tengamos que mantener una relación con ella. Y no mantener una relación con ella puede que sea algo que no nos haga felices; pero sigue siendo algo válido siempre que podamos experimentar la paz interna y nuestro propio bienestar.

Independientemente de las circunstancias, todas las cosas que vivimos nos enseñan grandes lecciones de las que podemos aprender a crecer y a ser seres más reales y capaces de conectar con la sabiduría interna que nos dejan incluso las situaciones más dolorosas que vivimos.

“Pero si miras de cerca, verás que tu manera de comportarte y tu forma de pensar están diseñadas para perpetuar el dolor, tanto para ti mismo como para los demás. Si realmente fueras consciente de él, este patrón se disolvería, porque desear más dolor es una locura y nadie está conscientemente loco.
~Eckhart Tolle

Sobre Rosas y Margaritas

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El jardín del sultán, antes exuberante y suntuoso, estaba agonizando. En los árboles se secaban las hojas en plena primavera, en los arbustos se marchitaban los capullos antes de abrirse y las flores estaban mustias o caídas por el suelo.

El desconcertado sultán preguntó a la encina que era lo que sucedía, y ésta le contestó que se estaba muriendo porque no podía producir uvas. Cuando le preguntó a la cepa de la vid, ésta sacudió tristemente sus sarmientos sin hojas y le dijo que tenía que morir porque no podía crecer hasta alcanzar la altura de un ciprés. Y el ciprés estaba agonizando porque no podía florecer y tener el aroma de una rosa; la rosa, sin embargo, no quería vivir más porque no podía tener el aspecto del loto.

En el fondo del jardín el sultán encontró una pequeña flor que no se había marchitado y que se mecía al compás del viento, hermosamente viva: era una margarita.

“Cómo es que tu eres la única flor que florece?”, le preguntó el Sultán a la margarita.

“Porque pienso que si tú hubieras querido una encina, una cepa de vid, un ciprés, una rosa o un loto en mi lugar los hubieses plantado. Pero como me has plantado a mí y de todas formas no puedo ser otra cosa que lo que soy, deseo ser simplemente una margarita”.

La mayoría de las personas creen que si tuvieran esta o aquella cualidad, si fuesen más inteligentes, atractivas, delgadas, o más ricas sería sencillo disfrutar de una vida plena. Pero nadie puede ser otra cosa distinta de lo que es. La pregunta correcta no es “¿qué quiero ser?”, sino “¿qué puedo ser?”.

Tú eres como eres, porque la existencia necesita que seas de esa manera y no de otra. Si no hubiera creado algo diferente en tu lugar.Si Dios o el universo hubieran querido nada más que Claudias Schiffer habría creado un sinfín de ellas. Si Dios hubiera querido sobre esta Tierra únicamente Ghandis, no habría tenido ningún problema. Si Dios hubiera querido sólo Budas iluminados, ¿quién se lo hubiera impedido? Sin embargo, te ha creado a ti. A ti, con todas tus debilidades e imperfecciones.

Nadie puede ser otra persona. Solamente puedes hacer florecer tu propio ser; o marchitarte, si es que lo rechazas o luchas en su contra. ¡Eres perfecto tal como eres! Y para cada ser humano se aplica lo mismo. Cada uno forma parte de un gran puzzle que estaría incompleto sin él y sin su esencia tal como es. Tú eres como eres, porque eres una pieza que encaja exactamente con las demás piezas del gran puzzle. A la existencia no le hace falta un segundo Buda o un nuevo Jesús; éstos ya han cumplido con lo que debían hacer. La existencia quería personas como tú y como yo, con nuestra «imperfecta» perfección.

Muchas de nuestras valoraciones sobre nosotros mismos y sobre los demás se desarrollan de forma tan automática que ni nos damos cuenta del daño que podemos hacerles. Sin pensarlo, sin ser conscientes, les arrojamos frases hirientes como dardos a nuestros hijos, nuestra pareja o nuestros amigos, sin advertir lo que éstas pueden provocar en ellos. Juzgamos su conducta y su aspecto, y después nos asombramos si nos sentimos mal. Puede que lo hagamos con la mejor de las intenciones, pero las consecuencias pueden ser desastrosas, aunque no queramos que sufran daño alguno.
Un buen ejercicio para contrarrestar esta tendencia destructiva consiste en considerar primero si lo que vamos a decir refuerza o debilita. Lo que estás pensando o haciendo justamente ahora, ¿te refuerza o te debilita?

La próxima vez, antes de decirle a tu hijo que con las notas que tiene no se va a comer ni una rosca en la vida, razona: ¿lo refuerzas o lo debilitas con esta frase? La próxima vez que te encuentres ante un reto observa tus pensamientos y sentimientos, y pregúntate: “¿Me dan fuerza estos pensamientos y sentimientos, o me debilitan?”.

¿Tienes de vez en cuando el impulso de cantarle las cuarenta a tu pareja, a tu amigo o a tu superior? Entonces medita primero: ¿Se refuerza o se debilita al otro, o tú, con lo que vas a decir? ¿Consigues con ello lo que pretendes, o más bien lo contrario?

Venimos de lo desconocido y a lo desconocido volvemos. En el interludio, cada copo de nieve cae exactamente en el lugar donde debe caer

 

Al filo de la madrugada

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    Al filo de la madrugada
    prendió la luz de la mañana
    y escribió en papel una y otra vez
    “me despido, me marcho pa’ no volver”.
Salió a vivir con tantas ganas
que echó a correr pidiendo nada
Y empezó a creer, que por una vez
el dolor que sentía le haría bien.
Lo que duele no es irse, duele despedirse,
lo que duele no es el invierno gris,
lo que mata y remata es la cicatriz.
Lo que hoy duele mañana puede que sea nada,
porque un mundo despierta, cuando el otro se apaga.
El corazón no se equivoca,
se guarda todo lo que toca,
late por amor, late por dolor,
se confunde, se entrega, se parte en dos.
Sabe perdonar, pero no sabrá olvidarse,
porque el corazón solo sabe hacer las paces,
y empezó a creer que por una vez
el dolor que sentía se iría.
Lo que duele no es irse, duele despedirse,
lo que duele no es el inviernos gris,
lo que mata y remata es la cicatriz.
Lo que hoy duele mañana puede que sea nada,
porque un mundo despierta, cuando el otro se apaga.
    Lo que hoy duele mañana puede que sea nada,
porque un mundo despierta, cuando el otro se apaga…   
~Rosana Arbelo Gopar

Mira dentro de ti…

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No conozco un valor mayor que el necesario para mirar dentro de uno mismo.
~Buda

Pide un deseo el día 12/12/12

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Hoy será el último día repetitivo que veremos EVER y por eso creo que es una ocasión para pedir algo al Universo y tratarnos a nosotros mismos con mucho cariño. Recordemos que:

En la vida , no puedes dar marcha atrás,
No puedes cambiar los días
e ir de la noche a la mañana.

Debes ir siempre hacia adelante,
día tras día, año tras año,
no puedes permanecer parado.
Nadie puede detener el tiempo.

Hay muchas encrucijadas,
por eso fíjate en las luces:
avaricia desmedida,
egoísmo enloquecedor,
celos enfermizos,
son luces rojas
en el semáforo de la vida.

Detente, porque tras ellas
hay solamente caminos tortuosos
y precipicios escondidos.

La amistad, el perdón, la ayuda,
la ternura, son luces verdes,
sigue adelante sin miedo:
sé cariñoso y amable en el trato
diario con personas y cosas.

Deja que el motor de tu corazón
siempre esté en marcha y no te olvides
que existe solamente una llave
segura de contacto:
 
“EL AMOR”

Sé feliz

Sé que este vídeo tiene tiempo circulando pero yo lo sigo encontrando inspirador cada vez que lo veo y me gusta verlo de vez en cuando para “recordar” las cosas que verdaderamente no hay que perder de vista. Simplemente me encanta!!!

 

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