…a ser, a vivir, a reinventarte, a seguir…

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7 Razones por las que Nos Gusta Criticar a Otros

Gratitud: Sentir para Creer

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El agradecimiento es la memoria del corazón
~Lao Tsé

 

Ser agradecidos es una habilidad que podemos aprender para poder alinearnos con lo que verdaderamente resuena con nosotros y abrirnos a recibir más cosas.

Creo que no se nos enseña lo suficiente a ser agradecidos y que pasamos demasiado tiempo enfocando nuestra atención en las cosas que no van como “deberían.” Pero esto nos mantiene centrados en emociones de una vibración muy baja y no nos hace sentir bien.

Recientemente he notado que no sólo nos cuesta ser agradecidos sino que tampoco sabemos recibir el agradecimiento que viene de otras personas. Muchas veces me he encontrado en situaciones en las que expreso mi agradecimiento a otras personas ya sea por su tiempo, por su dedicación, por sus gestos o por su presencia y enseguida me contestan que no tengo por qué agradecerles nada.

Esto me parece curioso porque nos pasamos la vida quejándonos de que las cosas no van bien pero luego no nos percatamos de las cosas que sí van bien e incluso cuando lo hacemos es como si internamente no nos sintiéramos merecedores de aquello y entonces lo “rechazamos” de alguna manera o nos saboteamos internamente diciendo a los demás que “no hay nada qué agradecernos” o que lo positivo que nos ha ocurrido es “demasiado bueno para ser cierto”.

 

Pero yo sí me siento agradecida y creo en expresar el agradecimiento. De otro modo es como comprar y envolver un regalo y no darlo.

Yo he notado cambios significativos en mi vida cuando practico el arte de la gratitud ya pesar de que hoy en día se encuentran por Internet millones de listas con “motivos” por los que estar agradecidos, hay muy poco sobre las verdaderas razones por que practicar la gratitud.

 

¿Cuáles son mis razones para practicar la gratitud?

  1. Yo practico la gratitud porque me obliga a reconocer las cosas buenas de mi vida. No nada más se trata de dar por sentado que las cosas vayan bien sino de de verdad tomar consciencia de que hay bondad en mi vida por todas partes.
  2. Yo practico la gratitud porque me permite mantenerme enfocada en las cosas positivas de mi vida. Ser agradecida es una manera de elegir deliberadamente en qué quiero centrar mi atención y esto hace que aquello en lo que me centro se expanda.
  3. Yo practico la gratitud porque me permite recordar que soy parte de un todo. No somos seres humanos aislados; somos seres humanos a quienes cada día se nos dan miles de bendiciones de las que casi ni somos conscientes y que sin lugar a duda no dependen de nosotros.
  4. Yo practico la gratitud porque me hace sentir bien y me impide entrar en el círculo vicioso de la negatividad y las críticas.
  5. Yo practico la gratitud porque me ayuda a ser más amable con los demás, con la vida y conmigo misma. Cuando soy agradecida me olvido de lo que he dado para recordar lo que he recibido y esto me permite reconocer que le importo a otros quienes dedican su tiempo o su energía en mí.
  6. Yo practico la gratitud porque me permite avanzar en mi camino. Una vez que entiendo que el mundo no es hostil hacia mí y que el Universo trabaja para mí; entonces me siento capaz de alinearme con mi camino y abrirme a recibir más.

 

“Educarnos en el sentimiento de gratitud significa buscar y valorar la gentileza que se encuentra detrás de las acciones que nos benefician. Nada de lo que se hace en nuestro favor ocurre porque así tenga que ser: todo se origina en la voluntad positiva que se dirige a nosotros. Acostúmbrense siempre a expresar agradecimiento con sus palabras y acciones.”
~Albert Schweitzer
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Riesgo es Libertad

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Nota de los sabios: Felicidad/Depresión

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No hay diferencia entre felicidad y depresión. Ambas tienen el mismo proceso. Sólo el contenido es diferente. Ambas van y vienen. La mayor diferencia entre las dos es lo que hacemos con ellas.

Siempre estamos buscando la felicidad. Cuando la vemos venir decimos: «Oh, ven aquí, te he visto. Permanece conmigo para siempre.» La felicidad se ríe y dice: «Oh, ella me ha visto, ahora me puedo ir.» Y se va.

En cuanto a la depresión, la vemos venir y decimos: «Vete, no te quiero conmigo.» Y la depresión saluda y dice: «Aquí estoy de nuevo. Voy a crecer cada vez más, hasta que ella me oiga y aprenda lo que tengo que enseñarle.»

Así pues, nos da un golpecito en el hombro y dice: «Por aquí, por aquí», hasta que capta nuestra atención. Entonces se va.

Tanto la felicidad como la depresión tienen algo que enseñarnos. Ambas vienen y se van. Ambas volverán. Es nuestra respuesta y la apertura a aprender de ambas lo que marca la diferencia.

“Mi felicidad es un regalo. Mi depresión es un regalo. Ambas son como mariposas en mi vida.”
~Anne Wilson Schaef

Una entrevista excepcional…

¿Padre que es lo que mas le sorprende de la humanidad?…

Dios respondió…

… Que se aburren de ser niños y quieran crecer rápido, para después desear ser niños otra vez…
Que desperdicien la salud para hacer dinero y luego pierdan el dinero para recuperar la salud…
Que ansían el futuro y olviden el presente pues así no viven ni el presente ni el futuro…
Que vivan como si nunca van a morir y mueran como si nunca han vivido…

Quedé en silencio un rato y le igual le pregunté…

¿Padre, cuáles son las lecciones de vida que quieres que tus hijos aprendamos?

Y con una sonrisa respondió…

Que aprendan que no pueden hacer que nadie los ame sino dejarse amar,
que lo mas valioso en la vida no es lo que tenemos sino a quien tenemos,
que una persona rica no es quien tiene más sino quien necesita menos,
y que el dinero puede comprar todo menos la felicidad…

Que el físico atrae pero la personalidad enamora…
Que quien no valora lo que tiene, algún día se lamentará por haberlo perdido…
Que quien hace mal algún día recibirá su merecido.

Si quieres ser feliz haz feliz a alguien,
si quieres recibir, da un poco de ti,
rodéate de buenas personas y sé una de ellas.

Recuerda, a veces de quien menos esperas es quien te hará vivir buenas experiencias!
Nunca arruines tu presente por un pasado que no tiene futuro.
Una persona fuerte sabe cómo mantener en orden su vida.
Aún con lágrimas en los ojos se las arregla para decir con una sonrisa “Estoy Bien”.

¿Cuál es la ventaja de cometer errores?

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Ya decía Baltasar Gracián que “no hay error sin autor, ni necedad sin padrino,” pero lo bueno que tienen los desaciertos acreditados o los errores plausibles que cometemos es que traen sus consecuencias y ellas tienen el gran poder de hacernos cambiar.

Los seres humanos tenemos la tendencia a ser perros de costumbre y esto ya lo demostraban los experimentos sobre el condicionamiento aprendido que el psicólogo ruso Ivan Pavlov condujo por allá por los principios del siglo XX; y sólo para que conste, dichos experimentos no sólo fueron llevados a cabo con perros sino también con niños.

Tenemos la tendencia, como personas, a automatizar los aprendizajes y por eso cuando algo funciona, lo continuamos haciendo. Sólo basta con observar la conducta de los bebés que desde temprana edad descubren cómo expresarse para conseguir lo que quieren. Pero moverse a base de reflejos es en parte lo que nos hace tan renuentes al cambio. Una vez que hemos fijado un aprendizaje, nos cuesta cambiarlo y en ocasiones ni siquiera somos capaces de preguntarnos si lo que estamos haciendo responde a una conducta aprendida, a la costumbre o si tal vez no tiene sentido.

Cometer errores tiene el gran potencial de permitirnos descubrir quiénes somos, a qué tememos y a reiterarnos en nuestra condición de humanos. Los errores suelen dejarnos una oportunidad para el aprendizaje, quizás para volver a intentarlo pero de otra manera, tal vez para aprender a perdonar, posiblemente para aprender a vivir sin arrepentimientos pero sobre todo para crecer y progresar.

No siempre podremos sentirnos seguros de lo que hacemos pero cometer errores es una forma de identificar dónde difieren nuestros pensamientos de nuestros actos. En algún momento a todos nos ha pasado creer que nos vamos a sentir de una manera al hacer algo y tras hacerlo nos damos cuenta de que no nos sentimos así o de que el resultado no fue el que esperábamos, pero no pasa nada.

Puede ser muy duro aceptar que nos hemos equivocado pero lo más bonito es saber reconocerlo y no olvidar que fallar es una parte esencial de nuestra experiencia de vida. No sólo aprendemos algo nuevo cada día sino que aprendemos algo nuevo con cada error. Hay que seguir andando y para eso siempre hay que volverse a levantar.

 

“He fallado más de 9.000 tiros en mi carrera. He perdido casi 300 partidos. 26 veces han confiado en mí para tomar el tiro que ganaba el partido y lo he fallado. He fracasado una y otra vez en mi vida y es por eso que tengo éxito”
~Michael Jordan

¿Por qué perdonar?

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Partiendo de lo que significa el perdón, todos hemos vivido situaciones que en un momento determinado han marcado nuestras vidas y todos nos hemos cruzado con personas que con sus acciones en algún momento han generado en nosotros gran sensación de malestar y dolor.

Cuando nos sentimos agraviados entonces condenamos a esas personas y les hacemos responsables de cómo nos sentimos nosotros; pero lo cierto es que nadie nos hace ni nos deja de hacer nada.

La gente sólo es y sólo hace (sin etiquetas de cosas “buenas” o “malas”). Somos nosotros quienes juzgamos los actos de otros o las situaciones que vivimos (como “buenas” o “malas”) y quienes en última instancia permitimos que algo nos afecte a pesar de que siempre tenemos opción de elegir cómo sentirnos (mejor) frente a cada situación.

Hacer un trabajo de perdón para liberarnos de cualquier sentimiento negativo o resentimiento que guardemos hacia una persona o hacia una situación es importante porque solemos repetir en nuestra vida los mismos patrones que hemos visto en casa y que hemos aprendido no sólo de nuestros padres sino de todas las figuras de autoridad con las que nos hemos relacionado; ya sean maestros, líderes, jefes, dirigentes u otros.

Cuando realicé el trabajo de perdón a mi madre, recuerdo que me quedé en blanco durante el ejercicio. A nivel consciente yo me había convencido de que hasta entonces mi madre lo había hecho lo mejor que había podido y de que por lo tanto yo no tenía nada que perdonarle. Después de todo, mi madre no tiene ni idea de las cosas aparentemente insignificantes que me pudieron suponer un dolor a mí.

Mi nivel de bloqueo era tal que durante el ejercicio mi subconsciente no permitió que mis resentimientos o malestares aflorasen.

Cuando me di cuenta de que el ejercicio no estaba funcionando, compartí lo que me estaba sucediendo con mi Renacedora y ella detuvo el ejercicio para pasar a ejecutarlo de una manera diferente.

Tuve que sentarme a pensar y a rebuscar qué cosas mi sistema había estado ocultando o ignorando hasta que conseguí identificar esos eventos.

Todos necesitamos avanzar y todos en algún momento hemos visto en nuestros padres conductas que pensamos que no deseamos repetir pero inevitablemente caemos en ellas y eso se debe a que en el fondo (por muchas historias que nos contemos a nosotros mismos y por mucho que logremos convencer a nuestra parte consciente de que algo es o no es de una manera determinada); no hemos sabido perdonar estos acontecimientos.

Así que completar esta actividad de perdón a mi madre era la única forma de poder cambiar mi visión sobre esos episodios que en un momento me dolieron; y de poder comenzar a verlos desde la perspectiva del amor para poder deshacerme verdaderamente de ellos.

En la medida en que perdonamos, nos sentimos mejor, nos sentimos liberados y dejamos ir un pasado que nos lastima. A su vez esto nos permite seguir adelante desarrollando nuestra vida sin conflictos y sin sentirnos atrapados en las cosas que nos procuraron dolor en algún momento.

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“Cómo Instalarse un Ego de Bajo Consumo” Fidel Delgado

via “Cómo Instalarse un Ego de Bajo Consumo” Fidel Delgado.

¿Qué significa perdonar?

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En Marzo del año 2006 quien era mi pareja en aquel momento me había regalado entradas para ir al NASDAQ-100 Open (desde entonces ha cambiado de nombre) que es un torneo de tenis que se celebra de manera anual en Miami, Florida (EEUU).

Por aquella época yo nunca había asistido a un evento así, me hacía muchísima ilusión y la oportunidad estaba allí. Sólo había un pequeño problema…

3 días después de que se celebrase el torneo tenía previsto mudarme de país y para entonces llevaba meses preparando mi mudanza. Aquel viaje suponía un gran cambio en mi vida; especialmente el de mantener la relación con mi pareja a larga distancia. Por este motivo, por aquellos días yo no podía pensar en otra cosa que no fuese aprovechar cada segundo estando con él, pero el viaje también requería de mucha preparación y compatibilizar ambas cosas no fue tarea sencilla.

Desde que supe que podría asistir al torneo me esmeré en acelerar mi proceso de mudanza. Finalmente tenía todo listo y pude irme al torneo, claro que yo no contaba con que mis padres, dueños de un negocio, iban con retraso en el cierre del local y en el propio embalaje de todas las cosas en casa. Así que el segundo día de mi escapada a media tarde cuando apenas llegaba a Miami recibí una llamada de mi madre instándome a presentarme de inmediato en el negocio para ayudar con lo que estaba pendiente.

Inicialmente me negué, pero entonces me sentí culpable, así que decidí volver a casa. Perdimos las entradas, el dinero, el aparcamiento, la gasolina, los asientos y una hora después me encontraba escuchando los comentarios de mi madre sobre cómo se me ocurría encapricharme con semejantes insignificancias inoportunas en un momento tan crucial como aquel.

Este episodio fue el único que vino a mi mente durante mi 6ta sesión de terapia en la que me correspondía hacer un trabajo de perdón a mi madre. Hoy en día aquel episodio me parece de lo más intrascendente; pero durante años no fue así. Durante mucho tiempo me pregunté si alguna vez mi madre llegó a comprender lo que aquello supuso para mí, lo que me lleva a compartir entre estas líneas algo de lo que he aprendido sobre el perdón.

La primera cosa que mi terapeuta me explicó cuando nos dispusimos a hacer este trabajo de perdón, fue en sí mismo lo que significaba perdonar. En primer lugar me dijo que perdonar no se trata de mirar a nadie desde arriba como si nosotros fuésemos elefantes y ellos hormigas y creyéndonos que tenemos el poder de absolverlos por algo que han hecho.

En lugar de eso, el perdón se trata de ser nosotros quienes cambiamos nuestra propia visión sobre esos acontecimientos que ocurrieron en un momento determinado; como si nos pusiésemos unas gafas que nos permitiesen percibir esa situación de otra manera (o en otro color). En otras palabras, perdonar es aprender a ver las cosas que nos han hecho daño o los resentimientos que tenemos con otros ojos; teniendo en cuenta que perdonar no es olvidar; no es actuar como si aquello nunca ocurrió; es simplemente sentirnos en paz con esas situaciones y no continuar permitiendo que nos generen emociones negativas cada vez que revivimos en nuestra mente aquellos episodios.

Comúnmente se entiende que perdonar es algo que hacemos por otros como si les diésemos un indulto y les liberásemos de una condena; pero en realidad es un trabajo que hacemos por nosotros. En el fondo, nos perdonamos a nosotros mismos y todas esas cosas de nosotros mismos que vemos reflejadas en los demás; pues a fin de cuentas tan sólo somos espejos.

Después de la explicación de mi Renacedora, entendí que realmente las situaciones o las personas que yo perdonaba no cambian. Esas cosas habían sucedido, esas personas seguían siendo responsables de sus propios actos; lo único que cambia a través del perdón es mi forma de ver las cosas.

Aprender esto fue algo que me trajo muchísimo confort y que hoy en día me sigue trayendo una paz infinita porque me libera de la necesidad de que otro venga a pedirme disculpas o de que otro se sienta culpable por lo que ha hecho. También me libera de seguir arrastrando cargas negativas del pasado para así poder vivir mejor el presente.

“Visión es el arte de ver las cosas invisibles”
~Jonathan Swift

¿Por qué elegimos seguir sufriendo?

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Llegué a mi 5ta sesión de mi primer ciclo de terapia muy revuelta. En vista de las circunstancias mi Renacedora decidió posponer la actividad que tenía preparada para ese día y en su lugar hicimos un trabajo de perdón a mí misma.

Entonces me perdoné por sentirme triste, por sentirme abandonada, por no ser capaz de volver a mi casa, por haberla abandonado en primer lugar, por sentirme perdida, por no saber qué hacer ni cómo volver a encontrarle el sentido a mis días… Me perdoné por todas las cosas por las que yo misma me acusaba y por aquellas que me hacían sentir inmensamente culpable en ese instante.

Tanto en la 5ta como en todas las sesiones anteriores me había cansado de repetirle a mi terapeuta que yo no quería sentirme así pero que no sabía cómo salir del agujero en el que me encontraba.

Quizás de forma inconsciente esperaba que ella me dijese cómo hacerlo, pero lo mejor de esta terapia es que el Renacedor nunca te dice lo que debes hacer; sólo te plantea las preguntas y luego te acompaña mientras tú descubres las respuestas.

Aquel  día me tocó contestar a la pregunta:

¿Qué gano con estar triste o echar de menos a mi ex?

Me precipité a contestar que no ganaba mucho o más bien nada; en lugar de ello yo sólo creía que seguir guardando la esperanza de que volviese significaba que todo el malestar por el que estaba pasando sólo era temporal.

Ese pensamiento; el creer que iba a volver, hacía que todo fuese menos doloroso y más llevadero. Hasta ese momento eso fue lo único que pude contestar a la pregunta.

Mi terapeuta me animó a pensar qué más podría ganar yo con mi actitud de abandono y dolor. Estuve unos instantes en silencio haciendo un verdadero esfuerzo por comprender a dónde quería llevarme con esa pregunta. Finalmente entendí que mi pataleta no era más que una forma de reclamar amor. Estar mal y ser la víctima de aquel abandono suponía que otros se preocupasen por mí, me mimasen y me atendiesen. Estar fatal era mi manera de obtener esa atención; y a cambio de ese beneficio yo seguía enganchada al sufrimiento.

Muchas veces pensamos que otras personas son responsables por los traumas y sufrimientos que experimentamos en el presente, pero en realidad esto es algo que nos procuramos nosotros mismos. Elegimos sufrir porque a cambio obtenemos algún beneficio,

  • ya sea algo que creemos carecer y que de otro modo no podríamos obtener
  • o algo que nos de una excusa o justifique el ser como somos (especialmente esos aspectos de nosotros mismos que no son precisamente los más positivos). Es más fácil decir que tenemos un motivo para ser así o para sentirnos así, que el hacer un esfuerzo por mejorar nuestra condición.

Lo cierto de la historia, nos guste o no;  es que la única forma de deshacernos de las cosas que nos causan dolor es simplemente soltarlas.

Los dolores hay que vivirlos y no estoy sugiriendo que debamos suprimir las emociones negativas. Sólo digo que hay que aprender a dejarlas partir y elegir sentirnos bien en lugar de sufrir.

No hay sufrimiento real ni motivos verdaderos para quedarnos enganchados a emociones que nos martirizan. Además hacerlo no cambia la situación que sea que nos haya hecho llegar a sentir tal estado de dolor y sufrimiento; sólo alimenta el malestar y nos mantiene en el círculo vicioso.

Entonces, ¿para qué elegir seguir sufriendo?

“Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera.”
~François de La Rochefoucauld

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