…a ser, a vivir, a reinventarte, a seguir…

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¿Qué significa perdonar?

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En Marzo del año 2006 quien era mi pareja en aquel momento me había regalado entradas para ir al NASDAQ-100 Open (desde entonces ha cambiado de nombre) que es un torneo de tenis que se celebra de manera anual en Miami, Florida (EEUU).

Por aquella época yo nunca había asistido a un evento así, me hacía muchísima ilusión y la oportunidad estaba allí. Sólo había un pequeño problema…

3 días después de que se celebrase el torneo tenía previsto mudarme de país y para entonces llevaba meses preparando mi mudanza. Aquel viaje suponía un gran cambio en mi vida; especialmente el de mantener la relación con mi pareja a larga distancia. Por este motivo, por aquellos días yo no podía pensar en otra cosa que no fuese aprovechar cada segundo estando con él, pero el viaje también requería de mucha preparación y compatibilizar ambas cosas no fue tarea sencilla.

Desde que supe que podría asistir al torneo me esmeré en acelerar mi proceso de mudanza. Finalmente tenía todo listo y pude irme al torneo, claro que yo no contaba con que mis padres, dueños de un negocio, iban con retraso en el cierre del local y en el propio embalaje de todas las cosas en casa. Así que el segundo día de mi escapada a media tarde cuando apenas llegaba a Miami recibí una llamada de mi madre instándome a presentarme de inmediato en el negocio para ayudar con lo que estaba pendiente.

Inicialmente me negué, pero entonces me sentí culpable, así que decidí volver a casa. Perdimos las entradas, el dinero, el aparcamiento, la gasolina, los asientos y una hora después me encontraba escuchando los comentarios de mi madre sobre cómo se me ocurría encapricharme con semejantes insignificancias inoportunas en un momento tan crucial como aquel.

Este episodio fue el único que vino a mi mente durante mi 6ta sesión de terapia en la que me correspondía hacer un trabajo de perdón a mi madre. Hoy en día aquel episodio me parece de lo más intrascendente; pero durante años no fue así. Durante mucho tiempo me pregunté si alguna vez mi madre llegó a comprender lo que aquello supuso para mí, lo que me lleva a compartir entre estas líneas algo de lo que he aprendido sobre el perdón.

La primera cosa que mi terapeuta me explicó cuando nos dispusimos a hacer este trabajo de perdón, fue en sí mismo lo que significaba perdonar. En primer lugar me dijo que perdonar no se trata de mirar a nadie desde arriba como si nosotros fuésemos elefantes y ellos hormigas y creyéndonos que tenemos el poder de absolverlos por algo que han hecho.

En lugar de eso, el perdón se trata de ser nosotros quienes cambiamos nuestra propia visión sobre esos acontecimientos que ocurrieron en un momento determinado; como si nos pusiésemos unas gafas que nos permitiesen percibir esa situación de otra manera (o en otro color). En otras palabras, perdonar es aprender a ver las cosas que nos han hecho daño o los resentimientos que tenemos con otros ojos; teniendo en cuenta que perdonar no es olvidar; no es actuar como si aquello nunca ocurrió; es simplemente sentirnos en paz con esas situaciones y no continuar permitiendo que nos generen emociones negativas cada vez que revivimos en nuestra mente aquellos episodios.

Comúnmente se entiende que perdonar es algo que hacemos por otros como si les diésemos un indulto y les liberásemos de una condena; pero en realidad es un trabajo que hacemos por nosotros. En el fondo, nos perdonamos a nosotros mismos y todas esas cosas de nosotros mismos que vemos reflejadas en los demás; pues a fin de cuentas tan sólo somos espejos.

Después de la explicación de mi Renacedora, entendí que realmente las situaciones o las personas que yo perdonaba no cambian. Esas cosas habían sucedido, esas personas seguían siendo responsables de sus propios actos; lo único que cambia a través del perdón es mi forma de ver las cosas.

Aprender esto fue algo que me trajo muchísimo confort y que hoy en día me sigue trayendo una paz infinita porque me libera de la necesidad de que otro venga a pedirme disculpas o de que otro se sienta culpable por lo que ha hecho. También me libera de seguir arrastrando cargas negativas del pasado para así poder vivir mejor el presente.

“Visión es el arte de ver las cosas invisibles”
~Jonathan Swift
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¿Por qué elegimos seguir sufriendo?

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Llegué a mi 5ta sesión de mi primer ciclo de terapia muy revuelta. En vista de las circunstancias mi Renacedora decidió posponer la actividad que tenía preparada para ese día y en su lugar hicimos un trabajo de perdón a mí misma.

Entonces me perdoné por sentirme triste, por sentirme abandonada, por no ser capaz de volver a mi casa, por haberla abandonado en primer lugar, por sentirme perdida, por no saber qué hacer ni cómo volver a encontrarle el sentido a mis días… Me perdoné por todas las cosas por las que yo misma me acusaba y por aquellas que me hacían sentir inmensamente culpable en ese instante.

Tanto en la 5ta como en todas las sesiones anteriores me había cansado de repetirle a mi terapeuta que yo no quería sentirme así pero que no sabía cómo salir del agujero en el que me encontraba.

Quizás de forma inconsciente esperaba que ella me dijese cómo hacerlo, pero lo mejor de esta terapia es que el Renacedor nunca te dice lo que debes hacer; sólo te plantea las preguntas y luego te acompaña mientras tú descubres las respuestas.

Aquel  día me tocó contestar a la pregunta:

¿Qué gano con estar triste o echar de menos a mi ex?

Me precipité a contestar que no ganaba mucho o más bien nada; en lugar de ello yo sólo creía que seguir guardando la esperanza de que volviese significaba que todo el malestar por el que estaba pasando sólo era temporal.

Ese pensamiento; el creer que iba a volver, hacía que todo fuese menos doloroso y más llevadero. Hasta ese momento eso fue lo único que pude contestar a la pregunta.

Mi terapeuta me animó a pensar qué más podría ganar yo con mi actitud de abandono y dolor. Estuve unos instantes en silencio haciendo un verdadero esfuerzo por comprender a dónde quería llevarme con esa pregunta. Finalmente entendí que mi pataleta no era más que una forma de reclamar amor. Estar mal y ser la víctima de aquel abandono suponía que otros se preocupasen por mí, me mimasen y me atendiesen. Estar fatal era mi manera de obtener esa atención; y a cambio de ese beneficio yo seguía enganchada al sufrimiento.

Muchas veces pensamos que otras personas son responsables por los traumas y sufrimientos que experimentamos en el presente, pero en realidad esto es algo que nos procuramos nosotros mismos. Elegimos sufrir porque a cambio obtenemos algún beneficio,

  • ya sea algo que creemos carecer y que de otro modo no podríamos obtener
  • o algo que nos de una excusa o justifique el ser como somos (especialmente esos aspectos de nosotros mismos que no son precisamente los más positivos). Es más fácil decir que tenemos un motivo para ser así o para sentirnos así, que el hacer un esfuerzo por mejorar nuestra condición.

Lo cierto de la historia, nos guste o no;  es que la única forma de deshacernos de las cosas que nos causan dolor es simplemente soltarlas.

Los dolores hay que vivirlos y no estoy sugiriendo que debamos suprimir las emociones negativas. Sólo digo que hay que aprender a dejarlas partir y elegir sentirnos bien en lugar de sufrir.

No hay sufrimiento real ni motivos verdaderos para quedarnos enganchados a emociones que nos martirizan. Además hacerlo no cambia la situación que sea que nos haya hecho llegar a sentir tal estado de dolor y sufrimiento; sólo alimenta el malestar y nos mantiene en el círculo vicioso.

Entonces, ¿para qué elegir seguir sufriendo?

“Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera.”
~François de La Rochefoucauld

Pide un deseo el día 12/12/12

make a wish

Hoy será el último día repetitivo que veremos EVER y por eso creo que es una ocasión para pedir algo al Universo y tratarnos a nosotros mismos con mucho cariño. Recordemos que:

En la vida , no puedes dar marcha atrás,
No puedes cambiar los días
e ir de la noche a la mañana.

Debes ir siempre hacia adelante,
día tras día, año tras año,
no puedes permanecer parado.
Nadie puede detener el tiempo.

Hay muchas encrucijadas,
por eso fíjate en las luces:
avaricia desmedida,
egoísmo enloquecedor,
celos enfermizos,
son luces rojas
en el semáforo de la vida.

Detente, porque tras ellas
hay solamente caminos tortuosos
y precipicios escondidos.

La amistad, el perdón, la ayuda,
la ternura, son luces verdes,
sigue adelante sin miedo:
sé cariñoso y amable en el trato
diario con personas y cosas.

Deja que el motor de tu corazón
siempre esté en marcha y no te olvides
que existe solamente una llave
segura de contacto:
 
“EL AMOR”

Soltar

“En la existencia no hay nadie que sea superior y nadie que sea inferior. La brizna de hierba y la gran estrella son absolutamente iguales… Pero el hombre quiere ser más que otros, quiere conquistar la naturaleza; de ahí que tenga que luchar constantemente. Toda la complejidad surge de esta lucha.

La persona inocente es aquella que ha renunciado a luchar; aquella a quien no le interesa ser más superior, ni actuar, ni probar que es alguien especial; la que se ha vuelto como una rosa o como una gota de rocío sobre la hoja del loto; la que se ha vuelto parte de este infinito; la que se ha fundido, se ha disuelto y se ha hecho una con el océano y no es más que una ola; aquella que no tiene idea del «yo». La desaparición del «yo» es la inocencia.”

~Osho, The White Lotus

“Es el momento de dejarlo ir, permitiendo la tristeza pero sin intentar agarrarlo. Algo más grande te está esperando, hay nuevas dimensiones por descubrir. Has pasado el punto de no retorno ahora, y la gravedad está haciendo su trabajo: acompáñala; representa la liberación.”

Let it be

Let it be

Pensé que llegaría a cumplir 1 mes desde que no sufro una recaída o un episodio de tristeza profunda con lágrimas, un dolor que perfora el pecho y esas ganas desesperadas de que ese alguien “especial” vuelva junto a mí porque como bien me ha dicho mi amiga Yei, “cuando tú te encuentras a una persona así en la vida, no quieres soltarla nunca.”

Él fue esa persona para mí, pero hoy, después de 28 días he vuelto a llorar amarga y profundamente por su ausencia; he vuelto a experimentar esa terrible sensación de temor de no salir de esta, pero también he vuelto a recomponerme, a secar mis lágrimas y a recordar que a veces no se trata de olvidar o de superar las cosas, sino de dejarlas ser y estar.

No tengo ganas de reprimir estos sentimientos, sino más bien de experimentarlos y dejar que se vayan por el mismo camino por donde vinieron. Por eso hoy me dedico esta cita, con la que comprendo que ya hago todo lo que puedo para sentirme mejor, pero que este dolor también es parte de mi proceso de duelo y que por ello tengo que hacer espacio para vivirlo.

It’s not a matter of letting go, you would if you could. Instead of “Let it go,” we should probably say “Let it be.”
~Jon Kabat-Zinn

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