…a ser, a vivir, a reinventarte, a seguir…

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Ya decía Baltasar Gracián que “no hay error sin autor, ni necedad sin padrino,” pero lo bueno que tienen los desaciertos acreditados o los errores plausibles que cometemos es que traen sus consecuencias y ellas tienen el gran poder de hacernos cambiar.

Los seres humanos tenemos la tendencia a ser perros de costumbre y esto ya lo demostraban los experimentos sobre el condicionamiento aprendido que el psicólogo ruso Ivan Pavlov condujo por allá por los principios del siglo XX; y sólo para que conste, dichos experimentos no sólo fueron llevados a cabo con perros sino también con niños.

Tenemos la tendencia, como personas, a automatizar los aprendizajes y por eso cuando algo funciona, lo continuamos haciendo. Sólo basta con observar la conducta de los bebés que desde temprana edad descubren cómo expresarse para conseguir lo que quieren. Pero moverse a base de reflejos es en parte lo que nos hace tan renuentes al cambio. Una vez que hemos fijado un aprendizaje, nos cuesta cambiarlo y en ocasiones ni siquiera somos capaces de preguntarnos si lo que estamos haciendo responde a una conducta aprendida, a la costumbre o si tal vez no tiene sentido.

Cometer errores tiene el gran potencial de permitirnos descubrir quiénes somos, a qué tememos y a reiterarnos en nuestra condición de humanos. Los errores suelen dejarnos una oportunidad para el aprendizaje, quizás para volver a intentarlo pero de otra manera, tal vez para aprender a perdonar, posiblemente para aprender a vivir sin arrepentimientos pero sobre todo para crecer y progresar.

No siempre podremos sentirnos seguros de lo que hacemos pero cometer errores es una forma de identificar dónde difieren nuestros pensamientos de nuestros actos. En algún momento a todos nos ha pasado creer que nos vamos a sentir de una manera al hacer algo y tras hacerlo nos damos cuenta de que no nos sentimos así o de que el resultado no fue el que esperábamos, pero no pasa nada.

Puede ser muy duro aceptar que nos hemos equivocado pero lo más bonito es saber reconocerlo y no olvidar que fallar es una parte esencial de nuestra experiencia de vida. No sólo aprendemos algo nuevo cada día sino que aprendemos algo nuevo con cada error. Hay que seguir andando y para eso siempre hay que volverse a levantar.

 

“He fallado más de 9.000 tiros en mi carrera. He perdido casi 300 partidos. 26 veces han confiado en mí para tomar el tiro que ganaba el partido y lo he fallado. He fracasado una y otra vez en mi vida y es por eso que tengo éxito”
~Michael Jordan
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